Diario Sur

La gente

Creen que la madre Tierra se vengará de todo lo que le hemos hecho. Yo temo el día en el que se levanten las palabras y se desate una revolución etimológica, una segunda Babel en la que ya nada nos sirva para entendernos. Hay palabras que ya no significan nada. Por ejemplo, la gente. ¿Quién demonios es la gente? ¿La de Rajoy, la de Sánchez o la de Iglesias? En el tanteo a la baja de la política española hemos tocado el fondo de la Fosa de las Marianas gramaticales y ese suelo es la gente.

Gente es el diputado que en su primer día desconoce que hay percheros en los pasillos y también es gente Celia Villalobos, que se aguarda a sí misma tras los muebles dorados del Parlamento, estática y tensa como un lagarto del desierto. Gente es el carcelero y también la niña Macarena, el paciente terminal y los críos que aguardan en las barrigas de sus madres a que llegue la primavera para nacer. Gente, Jorge Fernández Díaz y Marcelo, su ángel de la guarda, que siempre van juntos, Rufián rufianeando en jueves de afterwork, los monaguillos, los camareros de los bares que todavía son bares y en los que aún se grita muy alto «¡Bote!» arrastrando la o como la sirena de una fábrica. Es gente la monja que vota al PP y el que quema el retrato del Rey. Es gente el etarra, Rodrigo Rato y el padre Ángel con su corbata roja. Es gente el camarero asiático y gay del noodle bar y también esa mujer reclamo que me dice 'Hola, guapo' y que se sienta, sesentona, con su vestido ceñido y corto de tela de floretones de cortina y los zarcillos, a las puertas de un local que tiene los cristales mate como todos los bares de putas del mundo.

Son gente las estudiantes en minishorts y esos que duerme en el metro camino de casa, desnucados, con los ojos en blanco, las suelas de los zapatos gastadas más allá de la dignidad, el cinturón demodé y una carpetilla de currículos sobre el regazo. El hombre sandwich del compro oro, el investigador del CSIC y el viejo clown que vendía rosas y cocaína. Gente son también todos esos taxistas que antes trabajaban como antidisturbios, y Antonio López y el marido de Alaska.

Así que hagan el favor de no confundir a la gente con su gente.