Diario Sur

LA ROTONDA

Los últimos de Salud

Málaga, la primera en el peligro de la libertad, es la última en el derecho de ser operado por la sanidad pública andaluza. La actualización de las listas de espera llevada a cabo por la Consejería de Salud ha confirmado lo que ya intuía todo el mundo: los malagueños son los andaluces que más retraso medio soportan hasta que se les introduce en un quirófano. La noticia se repite año tras año como si fuese una especie de día de la marmota. ¿Qué ha hecho de malo la población de Málaga para que se la encasille en ese postrero puesto? Una cosa es que los últimos sean los primeros en el reino de los cielos y otra estar condenados al infierno que representa ver cómo discurre el tiempo sin que se resuelve un problema de salud. Siempre tiene que haber un primero y un último, pero ¿por qué Málaga se halla abonada al farolillo rojo y no hay manera de que ceda el testigo? Según los datos de Salud, a 30 de junio de 2016 había 10.008 pacientes pendientes de ser intervenidos quirúrgicamente en los hospitales públicos malagueños. Esa cifra es lo de menos. Lo demás, y verdaderamente importante, es que ha crecido la tardanza para las operaciones más frecuentes. No es tan relevante el número total de enfermos en lista de espera como el tiempo que esas personas permanecen sin ser intervenidas por la sanidad pública.

¿Y, repito, por qué Málaga está en la cola? Pues hay muchos factores que lo determinan, que se resumen en la gravosa falta de inversiones, en la escasa dotación de las plantillas de profesionales sanitarios, en los insuficientes recursos materiales, en el incremento de la población sin que haya ido unido a la apertura de más hospitales en la capital desde que en 1989 se puso en marcha en el Clínico y en los retrasos de la ampliación del Costa del Sol de Marbella y de la construcción del comarcal de Ronda, que sustituirá al que ahora hay, y a que el conocido como chare del Gudalhorce empezó a funcionar más de ocho años después de lo previsto y de forma parcial. Hay que tener presente también que el buque insignia del SAS en Málaga, el Hospital Regional Carlos Haya, se ha quedado obsoleto y no se corresponde con las necesidades actuales. El edificio es poco funcional, con un pabellón abierto en 1956 (conocido como el viejo) y el otro a principios de los años 70 (denominado el nuevo, pese a que ese nombre no se ajusta en nada a lo machacado que está). Como se ha reflejado en más de una ocasión en estas páginas: Carlos Haya se desangra sin que se tapone la hemorragia. En tanto que sigan sin resolverse las carencias de la sanidad pública de Málaga, el socavón en el que se hunden los enfermos que esperan una operación continuará agrandándose.