Diario Sur

CALLE ANCHA

Bajo el cielo de Marbella

NO le encuentro una explicación razonable, pero lo cierto es que no pasa ningún mes de septiembre sin que recupere algún disco de dos damas de la canción internacional: Dinah Washington ('September in the rain') y Edith Piaf. Seguramente cada año se produce alguna circunstancia, la anécdota desencadenante, que me conduce a la discografía de estas dos intérpretes. Uno de los títulos de la Piaf (patrimonio nacional de la música popular francesa) , 'Sous le ciel de Paris' ('Bajo el cielo de París') surgió cuando un marbellí de nacimiento, camino más de los ochenta que otra cosa, me hacía reparar en el azul del cielo de Marbella, único en su tonalidad, diferente a cualquier otro lugar. Buena excusa para pasear 'bajo el cielo de Marbella'; posiblemente como en la canción, «caminan los enamorados y su felicidad se alza sobre un aire hecho para ellos». Las cuatro gotas, extraordinariamente eficaces para embarrar los coches, recurrentemente lavados unos días antes, que cayeron la semana pasada volvieron a suscitar 'September in the rain' (libremente podríamos traducir como 'Septiembre bajo la lluvia'). Cansado posiblemente de tanto escándalo en la vida pública, del agobio que produce la crispación entre políticos que deberían dedicarse justamente a unir, a ponerse de acuerdo y no a sembrar grietas que terminan por convertirse en abismos, decidí 'perder el tiempo' dedicándome a escuchar las canciones mencionadas y a reflexionar sobre algunos de los aspectos que suceden o que configuran el ámbito geográfico (geografía física y humana) que se desenvuelve bajo el cielo de Marbella, este lugar del que se encargó de afirmar el polifacético Edgar Neville (cada día más reivindicado como un director fundamental en la historia del cine español) que «la tierra es aún más bella que la mar». En esta ciudad, crecida por avalanchas a partir de los cincuenta del pasado siglo, tradicionalmente se ha dicho que ha vivido de espaldas al mar, pero también, a juzgar por el desconocimiento sobre el entorno, lo ha debido hacer ignorando la tierra, de la que en otros tiempos vivió buena parte de la población. Afortunadamente en los últimos años ha crecido el interés por descubrir ('redescubrir' más bien) la tierra de Marbella: Mujeres en las veredas, viene realizando una elogiable tarea en la señalización de las sendas de la montaña, las antiguas veredas olvidadas, al tiempo que divulgan la fauna y la flora y fomentan el tránsito por esos caminos. Desde la Delegación que siempre se llamó de 'Medio Ambiente' (no se alcanza a entender qué tenía de malo la denominación) y ahora es de 'sostenibilidad'; hoy día todo lo que se precie debe ser sostenible y además ir en bicicleta, se organizan salidas a la naturaleza con técnicos como Jesús Lanzat y Antonio Alguacil, que, a veces salen de nuestro término municipal. La Asociación Marbella Activa, de igual forma, se encuentra implicada en la tarea. Nuestras excelencias naturales, el paisajismo insuperable, el cielo azul, singular tonalidad, son aspectos que nos han venido dados; no poseemos los marbellíes ningún mérito especial y, sin duda, que, junto al microclima del que gozamos son reclamos turísticos evidentes. Pero se hace necesario no dormirse en ningún tipo de laureles. Cada vez que se produce el anuncio de alguna inversión importante en Marbella, sobre todo si se asegura que integrará los elementos naturales, la ciudadanía debemos felicitarnos, pero adquirimos también la obligación de estar vigilantes. Recientemente hemos sabido de la inversión de un potente grupo financiero que va a construir (cabe esperar que no se quede en la fotografía como tantas veces) un hotel de cinco estrellas, que será respetuoso con el entorno de dunas en que se enclavará. Por otra parte, de manera tímida, se mantiene abierto el debate sobre la restitución de los desaparecidos espigones de nuestras playas o la búsqueda de otras alternativas para evitar la casi desaparición de nuestra playas temporal tras temporal. Queda mucho por hacer bajo el cielo de Marbella. Puede que como el cielo de París, como decía Edith Piaff, «tenga su propio secreto».