Diario Sur

La ruina de las cajas

La corrupción siempre le cuesta dinero al contribuyente, y esta es una de las razones que, junto a las de más calado ético, deben mover a erradicarla de nuestro sistema democrático. Pero junto al torrente de casos ya conocidos que se están depurando, hay uno singular, el saqueo de las cajas de ahorros, que es el que más dinero nos ha costado y que no deberíamos zanjar sin haber tomado decisiones rotundas.

Como es conocido porque el Banco de España lo ha publicado recientemente, el rescate directo de las cajas de ahorros requirió una inyección de 61.500 millones de euros, de los que 10.200 fueron aportados por el Fondo de Garantía de Depósitos y el resto, 51.300 millones, por todos los contribuyentes.

Pues bien: a pesar de que el Gobierno manifestó en su momento que todo aquel dinero invertido sería recuperado, a finales del año próximo sólo habrán regresado al Tesoro público unos 4.100 millones, y aunque el Fondo de Garantía recaudara otros 10.000 millones de la venta de Bankia y el Banco Mare Nostrum, la pérdidas finales ascenderían en el mejor de los casos a 38.000 millones de euros, unos 2.000 euros por cada familia española. No se entiende bien que este agujero tuviera que ser tapado por todos los españoles y no por los acreedores de las cajas, empezando por los bancos franceses y alemanes. En cualquier caso, debemos saber todos que la deshonestidad de los políticos y sindicalistas que gestionaron aquellas entidades nos ha costado una verdadera fortuna, que se dilapidó cuando este país se veía abocado a realizar recortes en sanidad, educación y nivel de vida.

Quienes cometieron materialmente aquel desmán están ya en los tribunales, pero no se ve en la propia administración el interés que parecería lógico a la hora de exigir a los nuevos administradores de aquellas entidades el retorno al que se comprometieron en su día. El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, ha dicho varias veces que «se dejará la piel» para devolver la mayor parte posible del rescate, pero no hay nadie que le apremie ni que exija el mismo celo a los demás responsables de las entidades rescatadas.