Diario Sur

VIENEN CURVAS

Una rubia muy legal

Hay algunas personas a las que les gusta decidir, pero a la hora de la verdad hay mucha más gente que prefiere protestar, porque en los momentos difíciles, cuando las cosas no son blancas ni negras, sino grises, y la responsabilidad pesa, resulta mucho más cómodo recibir instrucciones de otro, aunque sólo sea para seguir protestando. Quizás por eso siempre me ha sorprendido que haya gente con vocación de juez. Publicábamos en este periódico hace poco un artículo sobre el colapso que se estaba produciendo en los juzgados de familia a raíz del aumento de los divorcios con custodia compartida y de la mayor implicación de los padres en la crianza de sus hijos. Hacer o no la Comunión, dónde hacerla, un cambio de colegio , un viaje de estudios, un corrector dental, casi cualquier cosa es susceptible de acabar decidiéndose en un juzgado.

La Audiencia de Palma de Mallorca ha autorizado, revocando una sentencia de un juzgado de familia, que una niña reciba la primera Comunión y acuda a catequesis a petición del padre, y en contra de los deseos de su madre, basándose en el hecho de que la pareja se casó por la Iglesia y bautizó a su hija. A todo esto, la niña, que está en medio del lío creado por sus padres, no dice ni que sí, ni que no, sino más bien a a cada uno lo que quiere oír. Lo más curioso del auto es que considera que hacer la Primera Comunión «no genera daño ni perjuicio alguno a la niña, ni para la madre», «se hace sólo una vez en la vida» y es una ocasión única para que las niñas «luzcan un bonito vestido blanco».

Ese interés del tribunal por el vestido blanco me ha dejado temblando. Casi sorprendentemente cerca de los argumentos de Reese Whiterspoon en 'Una rubia muy legal', donde interpretaba a una pija aparentemente descerebrada, que se matriculaba en Derecho en Harvard para intentar reconquistar a su exnovio y basaba todos sus argumentos jurídicos en sus conocimientos de belleza, los reportajes de Cosmopolitan y las chicas de su Hermandad.

Es verdad que el sacramento no le va a hacer daño, ni tampoco creo que mucho bien, porque dado así, como por imperativo legal, resulta bastante poco espiritual. No entiendo la prisa para que comulgue por primera vez, con lo fácil que sería esperar un poco a ver si la niña se aclaraba o a los padres les entraba un poco de sentido común y dejaban de convertir los enfrentamientos entre ellos en problemas para su hija. Es verdad que es una vez en la vida, pero no hay una edad máxima.

¿Qué pensará del mundo adulto una cría que ha tenido que pasar por esa odisea jurídica surrealista sobre algo que debería ser una cuestión de fe y una cuestión personal?.

Rajar es más fácil que decidir. Dónde va a parar. Y recurrir al juzgado, mucho más.