Diario Sur

Niños prestados

Encogía el corazón estos días la imagen de una pareja de Sueca (Valencia), Alberto y Noelia, implorando justicia por las televisiones para evitar el drama de tener que devolver al niño preadoptado que durante más de dos años tuvieron acogido en su hogar. Los teletipos rebotaban titulares angustiosos: «Obligan a una pareja a devolver un niño a la madre biológica después de tres años de preadopción». Joan de origen guineano con su cabecita rizada de cuatro años esperaba la hora de cambiar de madre en el cuartelillo de la Guardia Civil local. El relato de los padres de acogida era conmovedor y altamente emotivo porque componía una historia desgarradora salpicada de acusaciones a una justicia sorda, a psicólogos incapaces, a instituciones de tutela insensibles, y en el centro una pareja destrozada. Pero no se había recogido por los medios la versión de la madre biológica.

Así que la joven guineana de 19 años quedaba a expensas del relato ajeno convertida en una alcohólica, maltratada, inepta para la crianza y que de repente había tenido el capricho de recuperar al niño. La centrifugadora mediática entró a saco en un tipo de historia que dispara las audiencias por la carga de emotividad que contiene y el efecto solidario que desata en el espectador ávido de sucesos en los que pueda con el mando a distancia trazar la raya entre víctimas y culpables. Sin embargo no dejaba de tener un cierto contrasentido el masivo alineamiento popular con la pareja de acogida sin tener en cuenta el choque de sus derechos con los de la madre biológica. Especialmente después de años en los que en España el caso de los niños robados ha sacudido los cimientos de la compasión social. Y, ciertamente, el relato y la exposición mediática cambiaron drásticamente cuando María José Abeng, la madre biológica, salió a la luz asegurando que le arrebataron a su hijo al nacer cuando ella tenía 14 años.

La historia de María José puede evocar otras denunciadas por las víctimas retroactivas de niños robados en los años sesenta. Estando en un centro de acogida de menores, quedó embarazada y le dijeron que no tenía capacidad para asumir la crianza del niño.

Su relato también es conmovedor y opuesto al de la pareja de acogida. El suyo describe la lucha por recuperar al hijo y las maledicencias intencionadas sobre una vida de drogas y alcohol. La cara B de la historia.

Ahora que los focos se han apagado y quedan en la penumbra las tres partes del drama se podrá intentar con serenidad buscar un final apaciguador para esta historia, una más, de niños prestados que viven bajo la tutela de la administración y con dos familias tirando cada una para su lado.

En principio debe prevalecer, según la declaración de los Derechos del niño aprobada por Naciones Unidas, el del menor a vivir con sus padres. ¿Niños robados o niños prestados? La ultima palabra es de la justicia.