Diario Sur

ANDALUCÍA EN EL DIECISÉIS

Viajes secretos

Susana Díaz ha roto su silencio dosificando cada día sus palabras como esas medicinas que recomiendan tomar poco a poco hasta que el cuerpo se acostumbre a su impacto. Al final se confirma lo que ya se barruntaba. El PSOE andaluz no quiere unas terceras elecciones. Díaz está dispuesta a liderar en su partido una corriente que corte de raíz las aspiraciones de Pedro Sánchez, no solo la del sueño de un gobierno alternativo, sino de llevar al partido a una nueva convocatoria electoral en diciembre. Para ello solo es posible una abstención de los socialistas en una nueva investidura con un candidato del PP. La andaluza ha puesto como condición que el candidato no sea Mariano Rajoy.

Este viernes parecía recordar a José María Aznar cuando le dijo a Felipe: «Váyase, señor González». Ella ha dicho: «Lo que debe hacer Rajoy es coger y marcharse». Díaz se ha cuidado mucho de pronunciar la palabra abstención. No ha parado de arremeter contra Rajoy desde hace dos semanas. Por una razón conocida. Pende sobre la presidenta un riesgo, que Pedro Sánchez fuerce una consulta a la militancia para decidir si abstenerse o no para que gobierne el PP. Una consulta en la que ella podría perder con un gran desgaste. Por mucho que las encuestas digan lo contrario, Díaz conoce mejor que nadie su partido y sabe que a los militantes le resultaría muy cuesta arriba que gracias a sus votos vaya a gobernar el PP o Rajoy. Por eso el PSOE andaluz y ella insisten en un comité federal, el órgano del PSOE entre congresos que decide la política del partido. En ese comité los críticos sumarían mayoría, según las cuentas que habrá hecho Susana Díaz dado el paso que ha dado.

Un socialista afín a Sánchez me contó con cierta gracia la importancia que han adquirido quienes pertenecen al comité federal. Nunca tuvo relevancia. El comité era una especie de cementerio de elefantes del PSOE, un puesto de consolación para los militantes o dirigentes a los que se les apeaba de los órganos de verdad decisivos en el partido, las ejecutivas. Ahora alguien dice que es del comité federal del PSOE y le miran como si tuviera un título nobiliario en la época de los reyes cortesanos o una carta de recomendación de Spielberg para hacer una película en Hollywood. En diez días o menos habrá comité y la nobleza del PSOE decidirá cómo salir del laberinto en que se haya la política nacional.

Díaz está haciendo su trabajo para ello y puede que para algo más, para preparar su desembarco en Ferraz cuando se celebren las primarias para la elección de secretario general. Por ahora cada vez que coge el AVE a Madrid (al menos una vez por semana) es por asunto de agenda privada, al menos es lo que dicen en San Telmo, pero nadie lo cree.

Algún resultado deben estar dando estas idas y venidas en el AVE sin agenda oficial. Ayer mismo sorprendía las declaraciones del gran fichaje de Sánchez para las elecciones del 26 de junio, Margarita Robles. La jueza de hierro opina que una opción para que haya gobierno es que Rajoy no sea candidato. A Pedro Sánchez no paran de salirle canas y no me extraña.

¿Y qué dice el PP andaluz a esta opción? No la ve. El paso atrás de Rajoy daría pie a una renovación en el PP que muchos de los jóvenes dirigentes de su partido, incluido Juanma Moreno, están esperando. Pero prefieren que sea con tiempo y controlada. Recuerdan lo que pasó en Andalucía, cuando Javier Arenas abandonó la dirección del partido de un día para otro tras no conseguir la Presidencia de la Junta pese a haber ganado las elecciones. El PP andaluz se hundió y fracturó, pasó de ser un partido hegemónico por primera vez en Andalucía a perder todas las elecciones. Hasta estas del 26 de junio, en que ha vuelto a ser la fuerza más votada.

Moreno no va a defender ni en público ni en privado la opción de Susana Díaz, aunque dé paso a un gobierno de su partido. Además, Rajoy, gracias a la influencia de Moragas, fue quien le aupó a la presidencia del PP andaluz. Pero sobre todo Moreno no va a estar de acuerdo con una táctica de su principal rival, a quien posiblemente pida responsabilidad política por el caso de los cursos de formación. El dirigente andaluz no teme unas terceras elecciones, puede irle incluso mejor y agrandar distancias con Susana Díaz en Andalucía. Está convencido de que esta tendencia es irreversible y se prepara para ser presidente de la Junta en dos o tres años. Esta es la principal razón de su alianza con Ciudadanos. Una alianza que se fraguó en la feria de Almería este pasado agosto. Moreno se acercó a Marín y le dijo que por qué no hablaban en serio.

Almería fue el germen del acuerdo entre los dos partidos para presionar a Díaz a que baje los impuestos. Pero también puede ser el germen de la ruptura. Si prospera la investigación judicial contra Gabriel Amat el partido de Rivera querrá su cabeza. Amat es presidente del PP en Almería, alcalde de Roquetas de Mar y presidente de la Diputación, cargos gracias al respaldo de Ciudadanos. Pero Amat no es para el PP como Torres Hurtado, a quien Moreno dejó caer sin problemas en Granada. Es uno de los hombres más poderosos e influyentes de este partido en Andalucía. La Fiscalía le ha abierto una investigación por prevaricación y tráfico de influencias. La misma Fiscalía que pide cárcel para Griñán e inhabilitación para Chaves por malversación y prevaricación.

La noticia sobre Amat saltó el mismo día que la petición fiscal para los expresidentes socialistas, una bomba esta que tapó todo, incluso las idas y venidas de Susana Díaz para ganar afines en ese comité federal del PSOE sobre el que hay tanta expectación. Para terminar y enmarañarlo todo más, anoto la frase del presidente de la Xunta y candidato del PP, Alberto Núñez Feijóo, a Onda Cero: «Me alegraría si el Supremo archivase las causas de Chaves y Griñán». Habrá que estar pendientes de Feijóo si, como dicen las encuestas, gana por mayoría absoluta.