Diario Sur

CARTA DEL DIRECTOR

Política y banca

Es una lástima que el agravamiento de las listas de espera en la sanidad pública no genere tanta atención como los casos de corrupción política. El deterioro del mayor logro social de nuestro tiempo avanza ante la indiferencia generalizada de las administraciones públicas, incapaces de afrontar el debate irremediable de la inviabilidad económica. La estrategia siempre es dar una patada al balón hacia adelante para, así, intentar que el problema le caiga a otro. Hay otros muchos ejemplos similares, aunque en mi opinión no tan graves, que llaman la atención sobre la paranoia política que vivimos en estos tiempos.

La política, como la banca, es un puro negocio por mucho que los ciudadanos, a veces, la veamos disfrazada de servicio público. Quizá porque el propio negocio se basa en eso, en que sus servicios parezcan públicos. Cada vez diferencio menos los anuncios de los bancos que te prometen una jubilación de oro a cambio de una suculenta prima anual en un plan de pensiones con las campañas electorales de nuestros políticos, de derechas, de centro y de izquierda. Y quizá, también, porque en ambos casos se frivoliza con las pensiones y jubilaciones. Unos cobran en dinero y otros, en votos.

Los partidos políticos parecen consejos de administración preocupados por la rentabilidad de sus acciones y, sobre todo, por los bonus de sus retribuciones variables, que en el caso de los políticos son suculentas cantidades de votos. Si en el cambio de siglo hubo bancos que en su afán sacaron al mercado las preferentes y otros productos basura, indiferentes ante la posibilidad de llevar a la ruina a familias enteras de sus clientes, en política sucede algo similar, porque lo mismo hacen un pacto circense para alcanzar poder a toda costa, frenan un proyecto importante con tal de socavar a su oponente o condenan a sus ciudades o regiones a déficits insostenibles con tal de vender una buena gestión, aunque ello signifique hipotecar a varias generaciones de ciudadanos.

Es absolutamente cierto que hay buenos banqueros, y también buenos políticos, aunque tengo más dudas en que haya buenos bancos y buenos partidos políticos. El sistema -parece- ha provocado que las sociedades como la española no puedan sostenerse sin los partidos y sin la banca, en un bucle complejo, en una especie de yin y yang, que no hace más que apretar el cinturón ciudadano. Y mientras, sin dejar de escuchar que es por nuestro bien.

Y ambos sistemas, el político y el financiero, están amenazados por el devenir de los tiempos, por la digitalización, la tecnología, la transparencia y los nuevos mecanismos sociales que están transformando la economía, el mercado de trabajo y las relaciones humanas. Y estos dos pilares de las sociedades avanzadas, los partidos y la banca, están abocados a una extraordinaria transformación que no debiera llevarse por delante a los propios ciudadanos, porque es evidente que ni los partidos ni la banca son viables con los criterios actuales.

Es importante que los ciudadanos construyamos diques de contención para defendernos de las futuras torrenteras que ocasionarán estos profundos cambios. Y ello sólo es posible mediante una acción política y financiera transparente que anteponga la sostenibilidad social y económica al beneficio rápido o el déficit público.