Diario Sur

SIN IR MÁS LEJOS

Millones en estampida

Las cifras mareantes del dinero público para gastar ya hace mucho tiempo que no ruedan por los ministerios ni por los titulares. Las que suenan ahora son las de la corrupción, el billón galopante de la deuda pública o las de una hucha de las pensiones a la que se le ve ya el fondo. Las cifras tuvieron en el pasado un efecto amnésico del que salimos a golpe de sumarios con políticos dentro, una burbuja de biografías hechas añicos entre un confeti de billetes bajo sospecha. El bandolerismo institucional salió caro. Junto al presupuesto, se calculaba el hormigón para cimentar la mordida, unas decenas o cientos de miles de euros de nada, según actuaba la avifauna de golfos y conseguidores ahora enjaulada que lo mismo inflaban una visita del Papa o una jubilación en la banca que metían polizones en un ERE pirata o billetes de 500 en el altillo del dormitorio. Los sumarios empiezan a ajustar cuentas hacia arriba y a sacarnos a todos de la ilusión óptica, hasta el punto de que en Europa nos miran mal por maltratar Doñana y pronto lo harán porque las toneladas de folios por corrupción afectarán a la deforestación. Los alegres papeles de entonces traen estos lodos. Cuando aquel inefable exdirector general de Empleo de Empleo le garabateaba en un folio a su chófer 900.000 euros de subvención para abrir una granja de pollos de la que nunca más se supo, el correvidile se crecía como el gallo favorito en un cortijo donde la cercanía al manijero permitía el empacho. Igual debía sentirse el insigne exsindicalista de la UGT y hábil conseguidor cuyos padres aseguraron a los guardias civiles en el registro de su casa que su hijo tenía dinero «para asar una vaca». Escuchamos de alguien con apetito inaplazable la metáfora cafre de que se comería una vaca rellena de pajarillos fritos, pero el 'caso ERE' nos trajo aquella hipérbole contable del rumiante asado al calor del presupuesto. Entre falsas granjas de granujas y metáforas obscenas la máquina que ordeñó 741 millones en una década anda ahora entre la autopsia judicial y el menú caníbal de la política. Hay culpas para todos, algunos sin sospecha de vaca alguna, pero aquí no hay vacas sagradas para el fiscal, que pide cárcel para Griñán y cuatro exconsejeros, además de para el exinterventor que avisó hasta la ronquera con membrete pero no mandó parar. Eran los años en que poco antes de Nochebuena el Parlamento aprobaba presupuestos de más de 30.000 millones con su disimulado bombo de euros para la sierra norte de Sevilla, la extensa geografía de intrusos en los ERE y los hervíboros abonados al pastizal público. Los millones salían en estampida y daban hasta para asar vacas en somieres. Los pastores del PSOE repetían sus cómodas veredas y cañadas mientras sus señorías, de toda una década y de todos los rebaños, cantaban el villancico cada vez que se paría un Presupuesto. Llevaba incluido su venenoso fondo de reptiles, pero el pendrive sin enmienda entraba como un alfajor de Estepa.