Diario Sur

EL EXTRANJERO

Hooligans

AFernández Vara, comúnmente llamado Fernández Vaca por una parte de sus compañeros de filas, le ha caído un buen rapapolvo por defender una tesis distinta a la que oficialmente mantiene su partido. Ante el zarandeo, salió en su defensa una autoridad moral dentro del socialismo como es, o al menos debería serlo, Pérez Rubalcaba además de una serie de afectados por la sorda reyerta que se vive dentro del socialismo español. Que un partido con la trayectoria del PSOE tenga que recurrir a llamamientos al respeto y a la libertad de opinión de sus dirigentes es un reflejo del modo en que se está haciendo política. Frente al colorido de la realidad, dentro de los partidos políticos se empeñan en seguir proyectando el mundo en un riguroso blanco y negro. Ni siquiera los grises se admiten en ese barracón -el de la política en general y el de cada partido en particular- donde un pianista más bien trasnochado acompaña las hazañas del líder del momento. Unas imágenes pasadas a alta velocidad y subrayadas por unos esquemáticos subtítulos que repiten hasta la saciedad la misma consigna. El coro debe repetir el mantra al pie de la letra. Y si no, se es un traidor, un lenguaraz, un desubicado o un patán. Como Fernández Vara. O Vaca. Sólo quedó que le pintaran bigotes o mellas a su foto, como los niños en el colegio.

Así que por encima de la cuestión de fondo, a saber, si el presidente de Extremadura está más o menos acertado en su apreciación sobre la estrategia a seguir ante el atolladero parlamentario, está esa otra mucho más elemental, la que lleva a los militantes y a muchos simpatizantes de los partidos a sentir la política como hooligans y no como un campo de reflexión y actuación razonada en función de valores colectivos. No. Para un hooligan su equipo nunca está en fuera de juego, y si acaso lo estuviera es justo que no se lo señalen porque es un acto de justicia compensatoria, por las afrentas recibidas en el pasado. Aferrados a esa verdad incuestionable, un militante del PSOE se siente avalado por toda la razón del mundo al decir que el PP no ganó las elecciones de junio, al carecer de mayoría parlamentaria. O un militante del PP puede justificar el pudridero sobre el que se asienta su partido alegando que en todas partes cuecen habas y señalando los ERE -ahora convenientemente acelerados desde la fiscalía para echar basura en la balanza contraria- como ejemplo de esa inevitable epidemia. Y además se nos quiere inculcar que todo es por nuestro bien. Por el del país. No por intereses partidistas. El hecho de que haya que esperar a las elecciones vascas y gallegas se debe, pues, a una elevada política de Estado y no a una estrategia de partido. Eso es lo que nos quieren hacer pensar. O mejor que no pensemos nada y nos limitemos a meter el voto en la urna cuando toquen el silbato.