Diario Sur

A CADA UNO LO SUYO

Chanchullos vestidos de gala

Esto del blanqueo de capitales y del fraude fiscal a gran escala casi siempre se ha identificado con el tipo fino y bien vestido que, maleta en mano y poca vergüenza acreditada, tiene la costumbre de viajar de turista a países pequeñitos que sin embargo acumulan muchas sociedades por metro cuadrado. Sin embargo estos chorizos son de medio pelo cuando se comparan con las multinacionales, corporaciones económicas que buscan ganar al máximo, pagar al fisco menos de lo que les corresponde y además mantener su buen nombre a salvo de calificativos siempre feos como el de defraudadores. Y como son poderosos, tienen asesores competentes (en ocasiones con escrúpulos inversamente proporcionales a las minutas millonarias) y cuentan con relaciones importantes, aparece la palabra mágica: los planes de optimización fiscal. En sí mismo no debiera ser algo reprobable, se cumple con los deberes tributarios aunque con mejores resultados debido a un inteligente y complejo diseño fiscal. Lo que pasa es que cuando se manejan cifras con muchos números es fácil y tentador pasar la frontera de lo legal y ético; el gestor de turno hace méritos antes sus jefes por tan buenos resultados y el ascenso de puesto y retribuciones está más cerca.

Sin embargo sería errado cargar todas las culpas en los directivos y asesores de las grandes multinacionales. La Unión Europea abre actuaciones, entre otras, contra Amazon, Apple, Facebook y Google. De hecho Apple ha sido sancionada por las ventajas obtenidas de la hacienda irlandesa. En otras palabras, estas empresas han acudido al espacio europeo atraídas por las acreditadas ventajas fiscales que ofrecen algunos estados de la UE en la tributación de las sociedades. La mencionada Irlanda junto a Luxemburgo, Holanda, Chipre, Bélgica y Austria han convertido sus ventajas fiscales en un imán para las multinacionales, en detrimento de las finanzas públicas y de la misma competencia como principio esencial de la Unión Europea, la que, por otra parte, ha mirado para otro lado y ahora reacciona con sanciones y expedientes basados en un endeble armazón jurídico como es la violación de las normas europeas sobre ayudas de estado incompatible con la competencia. Los abogados de Apple supongo que apelaran a la seguridad jurídica en la que confiaban por las ventajas fiscales ofrecidas por algunos estados europeos ante la pasividad de las instituciones comunitarias. Abierta está la batalla jurídica en la que los ciudadanos europeos y los contribuyentes de EEUU no pasamos de ser meros sufridores. La UE, tan diligente para imponernos sin piedad el recorte drástico al gasto social, incluso con reforma constitucional por medio en España, no ha movido un dedito para dotar a Europa de normas comunes sobre el Impuesto de Sociedades que puedan echar por tierra estos chanchullos contra el dinero público y la competencia.