Diario Sur

LA ROTONDA

Belleza interior

Parece que, de repente, hemos descubierto la belleza interior de Málaga, una provincia ciertamente genuina por la calidad de vida que ofrece y por las joyas naturales que atesora. Sabíamos por los visitantes que pueblan nuestras playas -este año a ritmo de récord, con sol, playa y gastronomía como menú irrechazable- de su primera condición, y ahora los nativos empezamos a disfrutar de la segunda circunstancia, gracias al efecto llamada del turismo rural e, incluso, dominguero. Tantas décadas hablando de la fachada litoral de Málaga y resulta que dentro guardaba tesoros menos escondidos de lo que algunos piensan desde tiempos inmemoriales, a la vista está. Los que somos de pueblo, pueblo, apreciamos en su justa medida tanta hermosura porque desde pequeños no conocimos otra cosa, aunque en este inolvidable 2016 se haya puesto en valor su entorno, más si cabe. La beldad siempre tuvo un precio, pero ahora además la excelencia es de alcance universal.

El Caminito del Rey abrió el año pasado la veda de la jubilosa explosión de curiosidad que, inopinadamente, todos los malagueños hemos experimentado por nuestra provincia al comprobar la preciosidad de esta ruta tanto tiempo abandonada a su suerte. Sólo un viaje en ferrocarril permitía admirar de lejos el desfiladero de los Gaitanes, cuando ese traslado desde la Serranía hasta Málaga consumía varias horas de traqueteo cansino. Pero, de pronto, su rehabilitación fue como un salto al vacío turístico que llenamos con el orgullo que nos caracteriza, pero a 105 metros del suelo. Y los selfies entre barrancos y hondonadas se sucedieron en las redes sociales, los álbumes del siglo XXI.

Luego, la decisión de la Unesco de declarar el Sitio de los Dólmenes Patrimonio Mundial nos permitió indagar en la historia de una Antequera siempre monumental, con la notable diferencia de que las comunicaciones con la que dicen es el centro de Andalucía son fluidas, sobre todo desde ese mítico 1992. Siempre gozamos de ese placentero paseo con destino a la romántica Peña de los Enamorados.

Y apenas repuestos de tanto sobresalto almidonado de éxito y de orgullo provinciano comprobamos con fruición que la Sierra de las Nieves espera la declaración como Parque Nacional en 2017, otro atractivo añadido a la provincia, al galardón me refiero, porque el pinsapo, desde siempre, nos alegró la vista inhiesto y majestuoso, más allá de la Navidad en la que el abeto nos enternece hasta límites insoportables.

Pero así somos. Necesitamos un revulsivo externo para comprobar que vivimos en un lugar privilegiado, tanto para los que gustan de sol y playa como para los que disfrutan con el campo. Es normal que nos envidien por vivir en Málaga.