Diario Sur

SINÉCDOQUE

Los fans de mamá

A todas esas madres malagueñas cuyos hijos están hoy por hoy muy ocupados, con suerte, trabajando, o con menos suerte, buscando trabajo; las que a fuerza de repetir durante décadas las mismas tareas, han llegado a una maestría que les permite tener (por fin) algo de tiempo para ellas; a todas las que tienen móvil (¿y quién no?) y un corazón de oro. A todas ellas me las suelo encontrar por Facebook. Comparten, comentan, interactúan, entienden el lenguaje de los emoticonos mejor que yo, crean tendencias, participan en grupos, conocen incluso a tus amigos y les felicitan el cumpleaños antes que tú. Sí, son las dueñas de la red social y sus perfiles son la envidia de cualquier cuenta corporativa, porque tienen más fans que el Twitter del Pimpi. Con la mejor de las intenciones, aceptan cualquier solicitud de amistad y conversan con personas que conocen -o no-, siempre contestando con consejos sabios en forma de refrán o gatitos felices a modo de abrazo. Pero en internet, las apariencias engañan aún más, podemos confundir 'perfiles' con 'personas' y el mundo online no es una excepción para aquella frase favorita de mi abuela: «en todas partes tiene que haber de todo». También hay delincuentes ahí, farsantes y mentes malvadas, que se dedican a estudiar, catalogar, captar y engañar a todo tipo de buena gente. Facebook avisa sobre la importancia de configurar bien la privacidad, pero no es tan intuitivo acceder a las opciones o entender las tristes traducciones para conseguir poner barreras efectivas y proteger algo que nos parece tan insignificante como una foto. Dar información de quiénes somos, dónde vivimos, dónde nos encontramos, quién es nuestro familiar o amigo, dónde veraneamos, qué nos gusta y qué nos disgusta un poco. Es peligroso si no tenemos en cuenta la privacidad de nuestra información. El número de timos y extorsiones es tan variado que en ocasiones resulta muy difícil identificarlo de primeras, y cuando te vienes a dar cuenta, es tarde. Pero no lo es para que todos los hijos de esas madres, ocupados o no, dediquen un rato a sus progenitoras para que sigan disfrutando de las redes sociales con la tranquilidad que merecen.