Diario Sur

DESDE EL SUR

Las dos Españas de siempre

No hay que alarmarse demasiado ni extrañarse de la situación que se está viviendo actualmente en el país, donde la mitad de los representantes del Congreso de los Diputados no deja gobernar a la otra mitad. Otra vez las dos Españas. Es lo que manda la tradición si se hace un breve repaso histórico. No debe obviarse que la nación tal y como está configurada ahora nació fruto del conflicto. Los Reyes Católicos accedieron al trono tras la guerra de sucesión castellana. Y completaron el territorio tras ganar a los árabes. Ya había dos Españas, la musulmana y la cristiana. Y a las primeras de cambio, recién formado el país, los comuneros ya no reconocían al que luego fue el emperador Carlos. También se dividió el país en la guerra de sucesión que trajo a los borbones. Y qué decir de las pugnas fratricidas entre los liberales y absolutistas que tan bien retrató Goya en su célebre duelo a garrotazos, que ya parecía presagiar la guerra carlista entre partidarios del infante y de la que posteriormente fue la reina Isabel. Siempre nos ha ido la marcha en este sentido. Aquí se lleva en la sangre pelearse con el vecino. Quizá la actual posición internacional de España hubiera sido otra si todos estos esfuerzos se hubieran dedicado a pelear contra los ejércitos de otros países. Ahí está el ejemplo inglés. La Guerra Civil ahondó en esta división que parece ser perenne. Según la escala Marañón, que ha demostrado ser tan fiable como la de Richter en los terremotos, la sociedad tarda un siglo en superar un conflicto civil. Ya sólo quedan veinte para que pase a la historia y deje de estar en la memoria de demasiados políticos. El gran doctor no se equivocó. Hay que tener en cuenta que fue el inventor del término 'ojo clínico'. El odio entre las dos Españas parecía desterrado desde la Transición, cuando la palabra pacto se colaba un día sí y otro también en los titulares de aquella época. Pero por desgracia no es así. Algo se ha avanzado, porque por fortuna ya no se arreglan las discusiones a garrotazos, pero siguen existiendo demasiados recelos entre la gente que comparte el pasaporte. Ahora se abre paso la idea de que hay dos nuevas Españas: la que trabaja y es llamada a las urnas y la de los que son elegidos y no saben trabajar sin urnas de por medio. Siempre los bandos. Ya puestos, a ver si hay suerte y surge uno dentro del PSOE para acabar con este despropósito. Aunque no vale la pena seguir buscando culpables. Se encuentran en todos los partidos. Qué más da. Tanto monta, monta tanto. ¡Anda! Como con Isabel y Fernando.