Diario Sur

Bolígrafos y corbatas

La transparencia se ha convertido, en un país con más sombras que luces en cuanto a la gestión del dinero público, en un reclamo electoral, un concepto triturado en campaña y luego reducido a propaganda, explicaciones a medias y decretos publicados con semanas de retraso. Recuerdo la alegría con que Torremolinos abrazó su higiénico cambio de gobierno hace más de un año. Se habló de puertas y ventanas abiertas, alfombras levantadas y caspa sacudida. Es cierto que algo de eso, o mucho, según se mire, ha habido desde entonces, pero no menos cierto es que bastó la filtración de un comentario desafortunado -un concejal, en principio libre de sospecha, afirmó que no era recomendable que los grupos municipales detallasen en qué gastan el dinero que reciben del Ayuntamiento hasta el punto de hacer público si los ediles compran bolígrafos o corbatas- para que las comisiones informativas y las juntas de portavoces fueran declaradas confidenciales. En comparación con anteriores legislaturas, el alcalde José Ortiz tiene ganada la partida de la transparencia en Torremolinos, pero eso no justifica que algunos asuntos de calado, como la reestructuración de su equipo fraguada la semana pasada, sean anunciados un viernes por la tarde sin comparecer ante los medios de comunicación.

«No puede ser que tengamos que estar eligiendo siempre entre lo malo y lo menos malo», lamenta uno de los personajes de 'La conquista del aire', la novela de Belén Gopegui que analiza el maremoto emocional que se produce en un grupo de amigos cuando uno de ellos pide dinero para hacer frente a la crisis de su empresa. La frase resulta tristemente aplicable al escenario político actual, también en relación a la gestión municipal, con la diferencia de que la mayoría de gestores públicos no son precisamente amigables y que aún desconocemos muchos de los destinos de nuestros impuestos. Los ayuntamientos son las administraciones que manejan menos dinero pero también las más descontroladas, sobre todo cuando no se trata de capitales de provincia. Cada vez parece más difícil de explicar que tantos municipios malagueños incumplan los plazos de pago a proveedores, en muchas ocasiones pequeñas y medianas empresas locales para las que una deuda supone un agujero inasumible, pero abonen las retribuciones de los grupos políticos para sus gastos de funcionamiento -ya saben: bolígrafos y corbatas, entre otros conceptos- con puntualidad británica.