Diario Sur

EL ALFÉIZAR

Suicidio, polvo de muerte

El estigma ha mutado en silencio. Un polvo de muerte se extiende sobre la ciudad. El suicidio es la primera causa de muerte no natural en nuestro país. Por delante de los accidentes de tráfico. Más de 3.900 personas deciden acabar con su vida al año. En las últimas décadas hemos pasado de ser un país de riesgo bajo de suicidio a riesgo medio. Y estamos a punto de pasar al alto. Actualmente, Asturias y Galicia lideran el ranking de suicidios en nuestro país.

Un muro de silencio y vergüenza se extiende sobre el suicida y su entorno. Son de las pocas circunstancias que todavía parecen salvarse de la crítica y el análisis despiadado. Pareciera que son cosas de locos. Y nada más lejos de la realidad.

Siendo un gran tabú también es una realidad que grita en silencio. Cada vez hay más personas que se ven envueltas en el vertiginoso círculo que las conduce directamente a la muerte. Los sacerdotes dan fe de ello. Con frecuencia considerable damos cristiana sepultura a quien se quitó la vida. Atrás quedó el estigma del suicida cuando el fallecido arrastraba una mancha que impedía a la familia enterrarle en el camposanto. O cuando se torturaba públicamente el cadáver para que no cundiera el ejemplo.

Apenas nadie aborda el motivo religioso. Pero la secularización de la sociedad y la consiguiente falta de esperanza y fe podrían influir en la decisión de quitarse la vida. Cuando no se encuentra sentido a la vida o se diluye el respeto a Dios y a su santo nombre todo pareciera que se confabula para el descenso a los infiernos. Se olvidó la expresión «nadie puede quitarse la vida; la vida la da y la quita Dios».

Todo en la vida tiende a vivir. Cuando alguien busca la muerte es porque perdió las ganas de vivir, se ahoga, abandona cuidados. Cualquier muerte o intento de quitar o quitarse la vida es dramático o desolador. Hay realidades con las que no se juega. No tienen retorno. Por eso hay que abordarla profesionalmente. Y acercarse a ella en silencio, sin juicios, empáticamente. El periodista José Luis Navas decía que «morir es como enmudecer a un jilguero, destrozar un jazmín, pisar una rosa». Shafer, un pensador cristiano inglés, escribía: «Hay polvo de muerte en la ciudad». Sobre la sociedad actual se extiende una especie de gran sudario. No hay necesidad de Dios.