Diario Sur

CALLE ANCHA

La mochila sale del armario

La vuelta al colegio se produjo para los cientos de profesores que atienden los niveles de infantil, primaria y secundaria en Marbella, el pasado día uno, pero eso nunca es noticia; la atención mediática se fija en el regreso del alumnado, algo que se produce escalonadamente durante esta semana. Infantil y primaria lo hizo ayer y secundaria y bachillerato lo realizará el próximo día quince. Sin duda que la toma de las aulas por los miles de niños y niñas señala la verdadera vuelta a la rutina laboral; el aumento del tráfico matutino ya es una realidad; los agentes de la policía local, frecuentemente de actualidad en los últimos meses por cuestiones que no les son propias, regresan también a las puertas de los colegios. Comienza la etapa 'laboral' para un colectivo nunca suficientemente valorado: los abuelos. Cientos de jubilados y jubiladas que mantienen la actividad criando de nuevo, en este caso a los nietos a los que llevan y recogen del colegio y los cuidan durante buena parte de la jornada laboral de los padres. Aunque la situación no sea idílica, cierto es que se ha avanzado bastante a la hora de conciliar los horarios de trabajo de las familias y el escolar. Resulta difícil encajar coherentemente el papel de los centros docentes como lugares de formación académica al tiempo que guarderías al más puro estilo clásico. Dificultoso también coordinar la conveniencia de los padres con los derechos al tiempo libre de los niños y al aspecto lúdico que en demasiadas ocasiones queda marginado por la avalancha de actividades impuestas que soportan. Un curso más vuelve la polémica sobre los deberes: en algún momento habrá que afrontarlo en un amplio debate donde participen docentes, administración y familias con el objetivo de hacer triunfar la racionalidad. Muchas familias han vuelto a sacar las mochilas del armario, pero la mayoría renueva material, entre otras cosas por la propia presión de los hijos, poco dados a heredar de hermanos o a repetir mochila de un año a otro. En el caso de Marbella, seguimos, un año más, con los mismos colegios, en muchos casos obsoletos porque fueron levantados hace cuarenta años o más y progresivamente, por imperativos de la masificación, fueron perdiendo sus instalaciones originarias. Parece que no se avanza lo más mínimo en el entendimiento entre Ayuntamiento y Junta para encontrar terrenos adecuados donde levantar nuevos centros o trasladar otros, cuya pretensión en ese sentido se ha anunciado en repetidas ocasiones sin ningún paso significativo. Como en el resto de la Comunidad Andaluza, este es un curso marcado por algunas incertidumbres sobre la aplicación de la Ley de Educación del ministro Wert, la más contestada y sin ningún consenso de toda la democracia, amenazada por posible derogación por un próximo gobierno de signo diferente. La vuelta al colegio es también el momento para determinados planteamientos recurrentes: no hay medio de comunicación que se resista, septiembre tras septiembre, a realizar un análisis de lo que cuesta a las familias la vuelta a la vida académica. Similares planteamientos se realiza con respecto a lo que se invierte en vacaciones o en las compras de Navidad, con la diferencia de que lo único que parece producir indignación en la opinión pública son los cientos de euros que deberán invertir en educación. Argumentos repetidos son los que apuntan a lo que las familias gastan en vestir y calzar a los niños, con la renovación del vestuario estacional. Cabe hacerse una pregunta también recurrente: ¿si no se produjese la vuelta a las aulas, los niños irían descalzos o desnudos? Parece que vestirlos es una obviedad. El material escolar como lápices, cuadernos, gomas de borrar, etc. es una inversión imprescindible y los precios son para todos los bolsillos. En casi todos los niveles educativos (en los obligatorios) los libros son facilitados por la Junta de Andalucía. Es innegable que se produce un gasto extraordinario pero no imprevisto porque se sabe que septiembre llega. Aunque no es de gran corrección política decirlo, se observa en las críticas, a veces crispadas, un asunto de simple prioridad en la escala de valores que nos planteemos. No siempre la educación de nuestros hijos ocupa uno de los primeros puestos en las prioridades, aunque cualquier escolar que se precie lleve el móvil de última generación o las deportivas a las que solamente les falta hablar.