Diario Sur

LA NUBE DOBLE

Pasos en el aire

A Inma no le gustaba el otoño pero adoraba el chocolate negro, las mandarinas, los vestidos de flores, pasear descalza, el café americano. Y también el buen cine americano, o el francés, o el español. No era intolerante hacia ninguna filmografía, solo un poco a la lactosa. Pero Inma era la leche, la leche en bote. Disponía de un saber enciclopédico, de una vocación de enseñante tan vehemente como su amor por la poesía, ese refugio al que acudía, como lectora o escritora, tras estudiar toda la producción documental contemporánea, que controlaba al dedillo.

Inmaculada Sánchez Alarcón ha sido durante veinte años profesora de Periodismo en la Universidad de Málaga. Acaso la memoria académica recordará de ella, ahora que se ha ido, el medio centenar largo de sus publicaciones. Una intensa dedicación por el audiovisual patente en obras internacionales y libros como 'El cine francés y la Guerra Civil Española' o 'Doc 21'; o en estudios locales rigurosos, lejos de campanarios. Y siempre involucrando a otros, alumnos o colegas, en su pasión investigadora. Deja así títulos como 'El cine en Málaga durante la Transición', 'La imagen de la mujer andaluza en el cine español' o una obra sobre los inicios del cine en Antequera que luego trasladó al documental 'La memoria encontrada'. Pero además de su enérgico empeño y de su intachable labor docente, que desbordaba a estudiantes mediocres y entusiasmaba a los excelentes, Inma era sobre todo un alma sensible que hallaba en la ficción, las novelas o los poemas un sitio donde guarecerse de muchas tempestades.

A Inma no le gustaba el otoño pero le pirraba la copla, Javier Bardem, hablar por los codos, bailar, regalar libros y abrazar siempre como si volviera de viaje. Los que tuvimos la suerte de conocerla y quererla, nunca como ella, ahora esperaremos a que algún día regrese y nos dé ese abrazo que no supimos devolverle igual. Y que lo haga con su misma sinceridad infantil, con la torpeza encantadora de sus pasos en el aire. Con su tierna, incomprendida e inolvidable vocación de equilibrista.