Diario Sur

REPENSAR MÁLAGA

Málaga está en un momento perfecto para hacer un alto en el camino y pensar qué tipo de provincia y ciudad quiere ser dentro de 20 años. Hoy, en medio aún de la crisis con el lastre crónico del desempleo, disfruta, no obstante, de la bonanza turística de la Costa del Sol, con cifras sin precedentes, y del éxito internacional como capital cultural, refrendado por la incontestable transformación del entorno urbano. Pero no hay que ser un lince para saber que el récord turístico es coyuntural, especialmente por los problemas de seguridad en destinos emergentes como Grecia, Turquía o Egipto, y que el modelo de ciudad cultural desarrollado en los últimos años presenta debilidades evidentes.

Málaga requiere en todo su ámbito un plan estratégico que hoy es inexistente y que debería marcar el rumbo frente a las evidentes amenazas. La provincia necesita culminar sus infraestructuras de comunicaciones, especialmente por lo que se refiere al tren del litoral y a las conexiones ferroviarias con Antequera para el transporte de mercancías y sus enlaces con los puertos de Algeciras y Málaga. Siempre es bueno recordar que no existe en Europa un entorno metropolitano como el de Mijas, Marbella y Estepona sin conexión ferroviaria. Además, Málaga se enfrenta al urgente reto de solucionar el problema de abastecimiento de agua en las comarcas de Antequera y Axarquía, con criterios de solidaridad y generosidad que, como siempre, choca con los criterios políticos. Sería incomprensible que el desarrollo de la industria agroalimentaria de los subtropicales, con capacidad para generar miles de empleos más, se viera frenada por la incapacidad política para hallar soluciones para el riego.

Y en Málaga capital se corre el riesgo de morir de éxito. De quedarse embelesado por los elogios que llegan de fuera que, como siempre, eclipsan las críticas menos agradables de dentro. El modelo de Málaga está desequilibrado y frente a un centro histórico absolutamente regenerado se encuentra una periferia carente del mismo impulso y con servicios -limpieza y transporte público sobre todo- muy mejorables. La otra ciudad, la de la carretera de Cádiz, Puerto de la Torre y Campanillas, zona Este y tantas otras, también existe. Málaga, con una población de casi 600.000 habitantes, no puede estar enfocada sólo al casco antiguo. Quizá el gran reto sea reorientar el tiro y poner esfuerzos también para que en los grandes barrios de Málaga se viva mejor, de manera más sostenible y con mejores servicios y espacios públicos. El Palo y todo su entorno es un buen ejemplo de la falta de imaginación, iniciativa y decisión para mejorar la vida de los ciudadanos, con equipamientos públicos similares a los de hace 25 años. Todo ello sin olvidar el riesgo evidente de que el centro histórico se convierta en un parque temático de apartamentos turísticos low-cost si no se desarrolla un modelo adaptado a los nuevos usos turísticos y a la generación de riqueza y empleo. En esto, a veces, menos es más.

Me decía un buen amigo que los grandes políticos son aquellos que siempre dejan un espacio para el diálogo y el acuerdo. Y Málaga, lamentablemente, siempre es escenario de enfrentamientos institucionales que bloquean proyectos e inversiones por la cerrazón de sus políticos. Es el momento de repensar Málaga si no se quiere correr el riesgo, en un futuro, de lamentarse de lo que pudo haber sido y no fue mientras releemos el recorte ya amarillento con los elogios del 'New York Times'.