Diario Sur

SIN IR MÁS LEJOS

Iznájar y otras batallas

Al este y al norte de Málaga suenan tambores de guerra del agua. Si en la Axarquía son los cultivadores de mangos y aguacates los que llevan tiempo reclamando garantías -sinónimo de trasvase- para mantener y acrecentar sus plantaciones, en Antequera son 70.000 vecinos de siete pueblos los que quisieran alejar de la plaza la estampa de los camiones cuba porque el agua potable se les agota y/o está empezando a dejar de serlo. El PSOE se ha alzado como el Cañamero de este puñado de municipios y está decidido a que el PP se retrate en el trasvase desde el pantano de Iznájar, 40 kilómetros de canalización que pueden parecer una solución novedosa para el gran público, pero que lleva -como casi toda obra el ámbito hidráulica- legislaturas esperando. El agua potable debe escapar de la batalla política, proponía esta semana el dirigente socialista Miguel Angel Heredia a las puertas del Parlamento andaluz, como si la que sirve para regar campos, llenar parques acuáticos o mantener llenas miles de piscinas en los hoteles y urbanizaciones turísticas, siendo en el fondo la misma cosa, fuese la única que se puede embotellar para un debate siempre acalorado y sin consenso posible. En este asunto de las cosas de comer, una vez garantizada que llegue al grifo, el agua ocupa el primer lugar, pero funcionan los arcanos tribales y el recuerdo de santa bárbara cuando ni truena ni llueve. Los partidos apenas pueden defender la misma posición en la comarca donante que en la receptora. La alergia nacional a los trasvases tiene siempre su trasunto comarcal. Pasa entre autonomías, y no hay por qué extrañarse cuando bajamos de escala el catastro y la geografía de la España seca, esa que estudiábamos en el colegio, pero no sabíamos hasta qué punto llegaría a ponerse áspera. En Granada, el PP dice que no a un posible trasvase a la Axarquía. Para chirimoyas, las de Motril. ¿Agua de la presa de la Concepción para la Axarquía? Ni hablar, dirá el mismo PSOE que la pide de Iznájar. Falta por ver qué dicen PP y PSOE en Córdoba. El sur de esa provincia trasvasa enfermos al hospital de Antequera. ¿Por qué no agua? El agua de España es de los españoles, pero menos de los que más la piden, sobre todo cuando han plantado sin pensar que aunque cae del cielo, al final llega por la vía de los presupuestos. Mientras PP y PSOE se enredan en quién debe poner el cascabel a la tubería de Iznájar, que cuesta menos dinero del que Bárcenas guarda en Suiza esperando regar su vejez, lo único seguro es que con las primeras lluvias brotará la amnesia otoñal. El ciclo del agua, incluso sin salir de Málaga, es un bucle político inmemorial. Se avanza tan lento que cada sequía nos sorprende con el paso cambiado y las cuentas y obras sin hacer. Si en la playa imploramos que al sacar la cabeza no estemos entre olvidos fétidos que llevan 40 años esperando depuradoras, tierra adentro no levantamos cabeza con reciclados y trasvases sin fecha. Todas las esperanzas están puestas en Brasero.