Diario Sur

A CADA UNO LO SUYO

A distancia

Hace ya muchos años, un estimado y veterano colega de tareas académicas en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, me dijo, con tono socarrón, que la UNED era la única universidad comunista de España; me aclaró que era la única universidad donde 'no hay clases'. Ha llovido mucho desde entonces y como profesor tutor de tan digna institución, he vivido en directo la profunda transformación de la UNED y de las universidades presenciales (de la que soy profesor en una de ellas, la UMA), acortando distancias a pasos agigantados respecto a la educación a distancia (hoy todos los profesores utilizamos las nuevas tecnologías que nos permiten un contacto casi permanente con nuestros alumnos) y la docencia presencial, que hoy está presente en la UNED de forma masiva a través de seminarios y de las tradicionales tutorías. Sin embargo, tal como yo lo veo, la universidad a distancia mantiene su identidad, la que justificó que a principios de los setenta se creara en una España aún bajo la bota franquista; es el espacio universitario para aquellos que por circunstancias laborales, familiares, geográficas o similares, no pueden o no quieren mantener una presencia física regular en las aulas en los horarios habituales de clases. Es y sigue siendo la universidad de los que no pudieron estudiar en las edades habituales y que no pueden mantener el ritmo de actividades presenciales, máxime con la generalización del llamado plan Bolonia.

Sin embargo, querido lector, quiero compartir mi convicción, alicatada a través de mis 24 años de docencia en la UNED, según la cual el estudiante y titulado por esta universidad tiene un mérito especial. Frente a lo que algunos pueden pensar, el rigor y las exigencias académicas en la UNED son, por lo general, mayores que en cualquier otra universidad; a sus estudiantes se les exige el programa completo en exámenes duros. O se sabe la asignatura al dedillo o es muy complicado superarla. Por tanto el título de la UNED tiene detrás mucho sacrificio, mucha renuncia en personas que suelen tener obligaciones que les consume mucho tiempo y que podrían disfrutar de opciones de ocio que ni huelen si quieren ir en condiciones de aprobar en la terrorífica 'semana de exámenes' (aunque se haya humanizado algo con la posibilidad de elegir entre dos). Y las familias apoyando.

Por eso si conocen a alguien que sea economista, biólogo, ingeniero, historiador, abogado o cualquier otro graduado por la UNED (sin desmérito de los demás por supuesto), deben saber que su título le ha costado caro en esfuerzo y sacrificio, en pestañas quemadas delante de los libros. Tienen delante a un profesional de cuya preparación se pueden fiar.