Diario Sur

EL EXTRANJERO

Andalusian soul

Alma andaluza. Málaga, Sevilla, Granada y Córdoba formando los eslabones de una misma cadena y ofreciéndose al mundo como un destino común. Todo un logro cuando uno ha conocido a tantos ciudadanos del mundo, gente sin fronteras nacida en Málaga o Sevilla que, sin embargo, abominaba de sus vecinos sevillanos o malagueños por el hecho de haber nacido al otro lado de una raya administrativa e identitaria, y, según muchos, cultural y hasta antropológica. Malagueños despreciando a granadinos y sevillanos ignorando al mundo. El ombligo como patria única. La quijada de Caín asomando a la menor ocasión. Ante un partido de fútbol, el ranking de la Semana Santa o el de la feria, cualquier excusa ha servido para el enfrentamiento, el recelo o la frustración. Frente a esa energía disolvente surgió aquella especie de hermanamiento -Civisur- entre Sevilla y Málaga auspiciado por dos antiguos alcaldes -Manuel del Valle, Luis Merino- y por miembros de la llamada sociedad civil de las dos ciudades. Un proyecto que tenía como objetivo poner el foco en todo lo que une a las dos poblaciones y no en los detalles que las diferencian.

Si el ser humano y el chimpancé comparten más del noventa y nueve por ciento de su ADN, por mucho que algunos recalcitrantes se empeñen, no parece que las diferencias entre un sevillano y un malagueño sean mucho mayores. Además de la cuestión fraternal y de la consiguiente moralina había otro aspecto interesante en esa vía de convergencia: el económico. Los dos polos más activos y potentes del sur de la península no podían permitirse el lujo de seguir ignorándose en asuntos fundamentales y menospreciando la enorme ventaja de compartir esfuerzos y objetivos. Tan clara y atractiva era esa visión que de inmediato Granada y Córdoba quisieron formar parte de la alianza. Y ahí está el acuerdo. Bautizado como Andalusian Soul, presentado esta semana en Málaga y próximamente en Japón. Cutaro ciudades con un enorme potencial turísco y ofreciéndose como un mismo destino gracias a una buena comunicación terrestre y con el aeropuerto de Málaga como eje. Las monumentales Córdoba, Sevilla y Granada, la Málaga de los mil museos, el sol y la playa. Andalucía resumida y condensada.

En el otro lado de la balanza, la aislada Cádiz -quizá la auténtica depositaria de ese alma andaluza-, Jaén con Úbeda y Baza perdidas en su erial de olivos y carreteras secundarias, y las bellas provincias de Almería y Huelva pero con capitales con escaso -nulo en el caso de Huelva- atractivo turístico como para subirse a ese tren que ahora arranca y que en caso de prosperar irá extendiendo su colaboración a campos más amplios que el turístico. El recorrido puede ser tan largo como permitan las administraciones supramunicipales, con una Junta atenta a que no se cree una Andalucía de dos velocidades, con un núcleo central cada vez más coordinado y mejor comunicado y una periferia que heredaría la quijada de Caín y los recelos que ahora se pretenden liquidar.