Diario Sur

El zasca de Soria

Séneca advirtió que a menudo es más conveniente disimular que vengarse. Al bueno de Juan Ramón Lucas le quiso responder un tipo en Twitter y escribió esto: «Hola, me llamó (sic.) Juan Ramón Lucas y soy subnormal». Este de la normalidad de la gente es un debate amplio y pendiente, pero la belleza del asunto fue esa tilde que puso de más el mentecato y que le hizo quedar como no lo hubiera querido ver nunca su madre.

La decisión de llevar a Soria de representante español al Banco Mundial solo se sostiene explicada desde la venganza fallida de alguien que se ha llegado a creer que aquí se hace lo que a él le da la gana. Ese alguien pensó que Soria, que a veces mira fijamente a un punto indeterminado del espacio donde los demás no ven nada, como los gatos cuando ven fantasmas, sería un buen candidato a dirigir el Banco Mundial y caben varias posibilidades. O entiende que conocimiento del manejo de estructuras 'offshore' es una virtud en la institución, cosa que no es descabellada, o es tan ingenuo que cree que un ministro dimitido por mentir era el mejor de todos los candidatos y que los españoles lo iban a entender, y en este caso es improbable que haya llegado a los treinta años sin que le atropelle un camión, o se está vengando una derrota política, o se quiere convertir el país en un sketch de los Monthy Python en Hollywood, por ejemplo ese en el que un tipo llegaba a un mostrador y le preguntaban si venía «por la agencia de viajes o a que le hicieran una mamada». Quizás sea verdad que la política es una disciplina en la que se trata de colocar al máximo número de amigos, como si fuese una fiesta de la luna llena en Phuket. En Podemos se liga más que en Phuket, pero ese es otro asunto.

Yo voto por la hipótesis de la venganza a esa España que osa doblegar las decisiones de un gobierno. Somos la primera potencia mundial del 'zasca'. Lo difícil de la revancha es que hay que ser muy preciso en el elegir el momento. En eso, algunas mujeres son tiradoras olímpicas. Hubo una que, cuando su marido le dijo que aquella mañana estaba decidido a correr el encierro y que la quería, le respondió con un mensaje de Whatsapp: «No te olvides de traer el pan».