Diario Sur

Trump aún no ha perdido

Una opinión generalizada en EE UU es que, por esta vez, ninguno de los dos candidatos a la elección presidencial parece a la gran altura requerida para el puesto y la pregunta obvia, por tanto, es por qué ganaron las primarias en sus respectivos partidos. Este es el momento de recordar que en el campo republicano Trump barrió desde el primer momento y solo debió hacer frente a una cierta oposición creíble en la persona de Ted Cruz, quien abandonó la carrera el 3 de mayo pasado. Hillary, en cambio, debió batallar con la sorpresa del campo demócrata, el senador socialista Sanders, quien, tras retirarse y obtener ciertos compromisos de Clinton en materia social, pidió el voto, sus votos, para Hillary y «parar al demagogo Trump». Nada de esto ha sucedido en el campo republicano, donde el ganador Trump, desdeñó, despreció e insultó sin rebozo a sus presuntos correligionarios y rivales en la campañs y dejó claro que su viaje a la política desde su condición de millonario le autorizaban a presentarse sin problema como el cambio, como el genuino representante del clásico «hombre de la calle» que detesta a la clase política instalada, su presunta falta de patriotismo y su condición clánica, intelectualoide y aristocrática que con Obama y Hillary alcanza cotas nunca vistas, según él, acaso el menos preparado candidato a la presidencia que se recuerda.

Todo esto visto retrospectivamente y confirmado por las encuestas permite afirmar que el fenómeno Trump es, en realidad, el 'fenómeno USA', de su sociedad, que parece -y no lo parecía hace poco tiempo- tan confusa, inquieta y desnortada como la europea. En otras palabras y con todos los matices que se quiera, el éxito de Trump es razonablemente equiparable al de la extrema derecha populista en Francia, Austria, Hungría, Polonia, Holanda y algunos länder de Alemania. Una diferencia hay que anotar, sin embargo: Trump ha cuidado muy bien a los afroamericanos, aunque esta comunidad le votará escasamente, y su presunto racismo encubierto se orienta casi explícitamente a los latinos y, con toda crudeza a los casi once millones de indocumentados, cuya expulsión promete.

¿Promete o proponía? Su viaje a México - una iniciativa audaz del presidente Peña Nieto, quien pasará a los anales de la torpeza política- y, sobre todo, el consejo de los directores de publicidad de su campaña, el dúo ultra, pero competente, Kellyanne-Bannon, que le animó a viajar a México, le instan a dulcificar ligeramente los ataques a los sin papeles, de modo que se puede esperar que en algunas semanas más la promesa oficial sea la expulsión de aquellos indocumentados que tengan problemas pendientes con la Justicia, bastante numerosos, y el estudio sosegado del resto de casos... Igualmente ha abandonado de hecho su propuesta de vetar la entrada de musulmanes y son esperables algunas valoraciones sobre cuestiones de Defensa (el fin de las críticas a la OTAN) y sobre Vladimir Putin... lo que sea preciso con tal de ganar.