Diario Sur

SINÉCDOQUE

Hacer las paces

Nadie nos avisó, cuando éramos niños, de que el verano encogería con la lluvia, año tras año, de tres meses a quince días, semana arriba, semana abajo. Volver sigue siendo cuando menos, extraño, tanto como pensar en subir a un tren en marcha, cambiar el ritmo de repente, extirparnos la calma y prestarnos voluntarios a una transfusión de estrés, justo la necesaria para hacer caso a un despertador sin modales. Nadie nos avisó de que debíamos considerarnos afortunados de estar en esa rueda finita que permite al mundo seguir girando y avanzar. en la dirección equivocada.

Mirar el calendario es como mirar al vacío desde la puerta abierta de un avión, sentimos la velocidad y el vértigo a partes iguales. Buscamos en la mente algún motivo que nos ayude a coger impulso, como quien se asegura de que lleva bien atado el paracaídas antes de saltar. «Debo sentirme afortunado, hay quien no tiene un trabajo al que volver», nos decimos. «Tampoco son tantas horas y seguro que aún no han empezado los atascos», repetimos. «Y además, en Málaga el verano dura hasta noviembre y los días son eternos», nos consolamos. Finalmente, con o sin paracaídas, nos dejamos caer, nos rendimos, sucumbimos. Así es. Lo asumimos porque somos adultos y porque ya solo faltan cuatro días para que llegue el fin de semana. Por suerte, tenemos cincuenta y dos pequeños finales felices al año, para olvidar esa pintada en la puerta del parking que reza en un naranja fosforescente 'Tempus fugit'.

Nadie nos avisó cuando éramos niños de que 'Aestas fugit', el verano se marcha, tan deprisa como las arañas de jardín, sonriente como un político ante las cámaras y absurdo como los últimos artículos de una liquidación. Las vacaciones son solo una tregua, justo antes de seguir luchando. Pero hoy, al salir de la oficina, has tomado un desvío, te has quitado los zapatos y has colgado la camisa en un poste sobre la arena, como una bandera blanca... Al meter los pies en el agua, has pensado: al menos en esta ciudad, se puede respirar algo de paz.