Diario Sur

MIRANDO AL MAR

Curso perdido

Suele ocurrir que cuando llegan "las calores veraniegas" no esté el espíritu para muchas virguerías. Me refiero a que el ánimo no está predispuesto para emprender grandes empresas cuando el sopor apunta a la siesta programada y al esfuerzo aplazado. Se pueden tener o no vacaciones veraniegas, de esas en las que todo te lo hacen y ni siquiera hay que ponerse camiseta al levantarse, como símbolo de la porción de tiempo en la que uno parece que puede hacer lo que le plazca sin darle explicaciones a nadie. Pero, aunque no se disponga de la posibilidad de marcarse unos días de absoluta libertad física y psíquica, aunque se intente formar una burbuja alrededor de sí mismo para eludir cualquier problema solamente durante una pequeña parcela propia de tiempo, es muy difícil abstraerse de todo lo que nos rodea en este mundo global y digitalizado en el que te llegan mensajes de todo tipo, aunque no lo desees.

Cuando termina el verano, es decir, cuando se han cumplido los dos meses de mayor actividad vacacional, que son los de julio y agosto, nos planteamos si de verdad hemos conseguido el propósito de aislar nuestra mente de todo aquello que queríamos apartar para volver en septiembre con lo que suele llamarse "las pilas cargadas". Porque, claro, ahora llegan los asuntos de cada año: comienza el curso de los niños en los colegios y hay que tirar de cartera para confeccionar el "ajuar" de cada vástago y que cuando lleguen a los centros de enseñanza no vayan a quedar en el ridículo de que les falte algo que al vecino no le falta.

Esos padres recorriendo papelerías como posesos porque al niño le falta un libro que no se encargó en su tiempo o porque al angelito se le ha antojado una marca de lápices especial forman parte del mes de septiembre sin que nadie lo tenga en cuenta, de forma anónima y con todo el esfuerzo que la tarea les pida. Y los padres, algunos de los cuales no han llegado últimamente a fin de mes en sus economías domésticas, se matan para satisfacer los deseos de quienes tienen que afrontar un curso que esperan (los padres) que aprueben con suficiencia y sean "hombres de provecho el día de mañana", que es lo que nos decían antes.

Estamos a punto de que comience el curso escolar y en las familias se hacen cuentas para que todo cuadre en beneficio de sus hijos. Hemos terminado las vacaciones y no somos pocos los que esperábamos que unos días de reflexión hubieran llevado a nuestros políticos nacionales a superar los suspensos que han ido acumulando desde diciembre del año pasado y que, con tantas elecciones, reválidas, pruebas de acceso, debates públicos e internos, reuniones personales y colectivas, poses mediáticas y tantas y tantas formas de proponer un aprobado en política, ya nos podrían haber dado la satisfacción de llegar a un acuerdo beneficioso para todos los ciudadanos y, de paso, sacar buena nota.

Cuando pasen unos meses empezaremos a notar las consecuencias de esta política errática de nuestros representantes, cuando la falta de cumplimientos o la inexistencia de unos presupuestos tengan una tendencia de cascada en la que no existan fondos para atender a las cuestiones más importantes. Hasta en una zona turística como la Costa del Sol, en la que los resultados de ocupación están siendo magníficos, pueden irse al garete todos los índices positivos y las buenas tendencias por culpa de las ambiciones personales de unos pocos.

El curso político está perdido. Los representantes electos deberían pegar el oído a la calle y enterarse de una vez de lo que ocurre, porque mucho peor es que se hayan enterado y miren para otro lado. Eso sí, ahora seguiremos siendo exigentes con nuestros hijos para que aprueben el curso, y en clase les hablaremos de concordia, ética, tolerancia, educación para la ciudadanía. Y los mayores con el suspenso a cuestas. Menudo ejemplo les estamos dando. Y lo malo es que la historia continúa.