Diario Sur

LA TRIBUNA

Amnistías fiscales

Nadie con un mínimo sentido de la equidad puede quedarse indiferente cuando comprueba que un amigo, vecino o conocido ha consolidado su derecho a no soportar una carga tributaria que él sí ha soportado, gracias a que hábilmente ha venido ocultando rendimientos hasta ganar la prescripción o bien porque se beneficia de alguna Ley de amnistía fiscal. Te quedas con la sensación de ser 'el tonto del pueblo' más en el segundo caso que en el primero, que sucede día a día silenciosamente.

Dado lo injusto de esta movida para los cumplidores, los políticos cargan sus baterías dirigiéndolas contra el partido promotor de la idea a sabiendas de lo bien que se vende. Naturalmente, la amnistía se ha promulgado para favorecer a los amiguetes del partido de turno. Faltaría más. Y si además el acogimiento a la medida de alguno de los choricetes de ese partido es notorio, está cantado. Le han dado la campaña hecha. Otra cosa es que aprovechando aquello del Pisuerga honorables familias como la Pujol hagan uso del instrumento, aun sin ser del partido gobernante.

Pues bien, la última amnistía fiscal, como saben, fue promovida por el PP y, por tanto, atacada por los demás partidos. Y todavía Ciudadanos, Podemos, etc. son vírgenes en esta materia y se pueden permitir desgañitarse contra la misma. Yo preferiría que previamente leyesen la modificación del artículo 39 de la LIRPF para ver cómo ha cambiado el tratamiento de los bienes ocultos para defraudadores y no defraudadores, pero si les supone un gran esfuerzo intelectual que lo dejen: directamente al grito.

Ahora bien, cuando oigo a alguien del PSOE poner el grito en el cielo, rasgarse las vestiduras, enfatizar que esta es una de las causas del famoso 'no', etcétera opto por reírme porque la alternativa abre camino a la apoplejía.

¿Recuerdan quién gobernaba en España en 1985? ¿Y en 1991? Efectivamente don Felipe González, acompañado al frente del Ministerio de Hacienda por dos personajes ilustres tales como don Miguel Boyer primero y don Carlos Solchaga después. Pues bien, en esta época se promovieron desde el PSOE dos amnistías fiscales. Concretamente en 1985 se promulgó la Ley de Activos Financieros cuyo artículo 21.1 eximía a los Pagarés del Tesoro de retención y por ende de información. Garantía de opacidad que se reforzaba expresamente en el artículo 21.2. Es decir, se diseñó expresamente un 'dinero negro' por la vía de decir «Usted calladito, compra los pagarés, los guarda en un cajón y cuando hayan prescrito viene, me los enseña y colorín colorado». Eso se definió desde la Administración como «un sistema para que la colectividad recupere parte del coste de la evasión fiscal por lo que no tiene por qué desaparecer en el futuro».

No recuerdo los volúmenes que aquella guarrada movió, pero valga una aproximación. En 1989, cuatro años después de la aprobación de la norma ante la incorporación total de los Pagarés del Tesoro al sistema de anotaciones en cuenta, el Banco de España envió a los intermediarios financieros una nota recordándoles dicha incorporación. Pues bien, debió aclarar ante el revuelo ocasionado que «el temor de que las anotaciones en cuenta puedan reducir la opacidad fiscal de los títulos que emite el Estado carece de todo fundamento».

A principios de 1989 habían más de cinco billones de pesetas en pagarés en circulación (unos 30.050 millones de euros). No todos serían 'negros' pero su rendimiento diferencial negativo con las Letras del Tesoro venía siendo de unos ocho puntos. Por algo se tendrían digo yo.

Más recientemente, durante el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero no hubo una amnistía 'formal', pero sí se tuvo la delicadeza de advertir a determinados tipos que aparecieron en la lista Falciani, obtenida del HSBC de que habían sido localizados y que pasaran por taquilla 'voluntariamente', antes de que además de la cuota se produjese también sanción. Puede que hubiera sus motivos por la forma de obtención de los datos, pero a eso en el hampa se le llama un chivatazo.

Así que menos pecho. Como decimos por aquí abajo «menos rollo y más manteca al bollo». Aplíquense a limar estas y otras diferencias porque están evidenciando su condición de inútiles en perjuicio de todo el país.

¡Dios, no sé qué sería de nosotros su hubiera que encargarles la extinción de un incendio!