Diario Sur

Días extraños

Empieza una nueva temporada bajo el signo de la incertidumbre. Todo es hipotético, desde esa mayoría de la que dispondría Mariano Rajoy si el PSOE se rindiera y o bien se abstuviera o bien accediera a formar bajo su presidencia la soñada gran coalición, hasta la que podría formarse con llamadas «fuerzas del cambio», incluyendo o no entre ellas a quienes están embarcados en proyectos de ruptura con la Constitución (qué mayor cambio que ese, por otra parte). El hecho es que ambos escenarios, por antitéticos que resulten, son igualmente hipotéticos, es decir, ninguno tiene en este momento más probabilidad ni más verosimilitud que el otro. Igual de difícil, e igual de válido, en términos aritméticos y democráticos, sería un gobierno constituido bajo el signo de ese pasado que representa Rajoy, o uno en el que se mezclaran vieja y nueva política con la amalgama de las fuerzas representadas por Sánchez, Iglesias, Rivera o cualquier otra que se aviniera a sumar y a no imposibilitar el acuerdo.

La situación, pese a quienes parecen haber escrutado el futuro y haber visto ya el resultado de unas terceras elecciones, y pese a las diatribas de los que se afanan en proclamar que sólo hay un camino y descartan con aspavientos cualquier otro, es lo bastante impredecible como para que hayan saltado las alarmas y este comienzo de curso tenga un aire raro, casi desconcertante. Hay múltiples signos de que estamos viviendo días extraños, y nos aguardan días más extraños aún. No es el menor de ellos, por poner un ejemplo llamativo y bien elocuente, la docilidad con que la CUP se ofrece de pronto a convalidar a Puigdemont, sin que éste le haya comprometido lo que no hace tanto le demandaba a cambio de su apoyo. Y qué decir de la colocación in extremis como jefazo del Banco Mundial del mismo a quien se empujó a dimitir como ministro, en cruda contradicción con lo firmado en un pacto que aún tenía la tinta fresca. Si no con su letra, con su espíritu y lo que todos habíamos entendido.

Vienen semanas complicadas, en las que más de uno perderá los nervios, y en las que, para qué engañarnos, costará mucho trazar otro itinerario que el que conduce a las urnas de nuevo en diciembre. Sin embargo, nada hay imposible mientras los plazos no se agotan, y las antiguas certezas, tras el doble revolcón en el Congreso del presidente en funciones, han dado paso a toda suerte de especulaciones, que el transcurso de los días no hará sino incrementar. Para darle emoción suplementaria al proceso, el otoño se presenta bien cargado de citas judiciales que añadirán tensión y emoción al cuadro. La ciudadanía está más cansada, más escéptica, y ninguno de los actores se mantiene a estas alturas limpio de rasguños. Tienen dos meses para jugar sus bazas. Y si no, a jugar otra vez todos.