Diario Sur

Viejos y nuevos partidos

Un reciente análisis de la implantación del universo digital en la sociedad española publicado en la prensa catalana ofrece resultados sorprendentes e inquietantes, que marcan las abismales diferencias entre las clientelas de los viejos y los nuevos partidos. Así, más del 50% de los ciudadanos en general no frecuenta las redes sociales frente al 47% que sí accede regularmente a ellas, pero la distribución es dispar: lo hacen el 64% de los electores de Podemos y el 61% de los de Ciudadanos, pero sólo el 33% de los del PP y el 37% de los del PSOE. La mensajería instantánea, el WhatsApp, es utilizada por el 88% de los electores de Podemos y por el 90% de los de Ciudadanos, pero sólo por el 55% de los del PP y el 62% del PSOE. El ordenador personal resulta muy necesario al 35% de los electores de Ciudadanos y al 31% de los de Podemos, pero sólo al 15% de los votantes del PP y del PSOE.

Existe una fractura tecnológica evidente, vinculada a la edad y a la capacidad de los electores, que diferencia las viejas formaciones de las surgidas al amparo de la crisis y del anquilosamiento de las viejas políticas. Y la consecuencia más obvia de todo ello en la práctica es que cada partido debería dirigirse a su clientela real y potencial en el lenguaje más asequible; carece de sentido, en concreto, que PP y PSOE se esfuercen en exceso en digitalizar su mensaje, que va sobre todo a gentes que no han dado todavía el salto a las nuevas tecnologías. máxime cuando los mayores votan mucho más que los jóvenes. Hay quien acusa en concreto al PSC-PSOE de haber extremado la sofisticación digital en sus mensajes cuando su clientela tradicional no ha salido apenas del terreno analógico.

Pero hay todavía conclusiones más interesantes, que se refieren a la necesidad que tienen el PP y el PSOE de actualizar su base social, de abrirse a los jóvenes, de cautivarlos con mensajes apropiados, de responder a sus demandas, de interesarse por las políticas culturales encaminadas a cerrar la brecha digital. Algo han hecho mal los partidos tradicionales cuando no sólo han retrocedido en votos sino que han perdido precisamente a los sectores sociales tecnológicamente más avanzados.