Diario Sur

OJO DE HALCÓN

MENSAJES Y MENSAJEROS

Al final siempre impera la verdad. Esa es una máxima que aprendí de mis maestros en esta casa cuando hace casi tres décadas comprobé que el fútbol está plagado de mentiras e intereses, que nada es lo que parece. En las dos últimas semanas se han producido dos situaciones internas en la plantilla del Málaga que se han explicado en estas páginas con profusión de detalles: el caso del delantero uruguayo Santos, que hasta ahora no ha dado el nivel esperado, y la necesidad de traspasar a Camacho para completar la plantilla. A día de hoy ya no hace falta ser un lince para comprobar el papel que tendrá el 'charrúa', por detrás incluso de En-Nesyri (salvo, claro, que no llegue un delantero centro y que se produzcan varias bajas). Lamentablemente el periodismo deportivo actual ha fomentado a base de tertulias la opinión sobre la información, de tal forma que llega un momento en el que la línea que las separa es excesivamente fina. Que nadie se confunda: la clave es el mensaje, no el mensajero; lo verdaderamente importante es la noticia, no el periodista. En esta época en que el anonimato reina impunemente en las redes sociales el foco está puesto en el transmisor, como si este realmente estuviera movido por algún otro interés que no fuera suministrar información. Ya definí al Málaga como el club de las medias verdades. Vicente Casado hizo el ridículo con el 'caso Darder' (aunque estuviera bien vendido en precio y fuera una obligación, no un deseo) y ahora los actuales dirigentes se plegarán con toda seguridad a una oferta que no se corresponde con la totalidad de la cláusula de Camacho, como se exigía, por la sencilla razón de que se necesitan dinero y margen de maniobra. Esa es la verdad, la que al final siempre impera.