Diario Sur

PATIO DE BUTACAS

HUGO Y RAÚL

Fue una de esas llamadas que no te esperas. La pantalla anunciaba a José Miguel López, pero no podía ser. Un par de días antes de Navidad, Josemi, había fallecido en el hospital. Había entrado un par de meses antes para una operación de la que salió bien, pero que se complicó con otros daños colaterales que no estaban en el guión. Tenía 47 años. Por eso, cuando recibí su llamada mi corazón -ese mismo que a él le llevo al quirófano- me dio un vuelco. Contesté con algo de miedo, pero no escuché su voz, sino la de Ana. «Su mujer», se presentó, aunque ya la conocía de oídas. José Miguel y yo nos estrenamos como padres a la vez y eso, además del cine, nos unía. Aunque en su caso fue doble, con Hugo y Raúl, que tenían seis años cuando falleció. Para entonces, sus niños ya habían sido diagnosticados del Trastorno del Espectro Autista que, solo me sonaba por la película 'Rain Man', pero que en Josemi despertó a un padre coraje. Y lejos de cualquier complacencia o resignación, aquello fue su razón de vivir. Como lo era -y lo es- de Ana Catalán, que se ve que esta hecha de la misma piel rebelde, porque cuando se quedó sola ante el peligro asumió su doble misión. Además de gestionar la propina de la empresa familiar, una productora de cine. Aquella llamada era precisamente para comunicar la muerte de José Miguel y asumir su lugar. Tenía la voz rota, pero dulce, y confieso que su determinación me dejó sin palabras.

Hace unos días volvió a sonar el teléfono y, esta vez, la pantalla me devolvió el nombre de Ana, aunque al leerlo no pude evitar pensar en su SuperLópez que se fue a destiempo. Catalán es el alma de la Fundación A.P.A. Andalucía, que ha desarrollado un programa piloto para que niños con autismo sigan formándose en las aulas con el resto de alumnos. Hugo y Raúl son el ejemplo. Me contó que el primero había convertido su prodigiosa debilidad por la botánica en expresión artística y que, a sus 14 años, estaba a punto de inaugurar su primera exposición. Entonces recordé que este pintor adolescente y su hermano eran los protagonistas del documental 'El autismo es tratable', que su padre estaba rodando cuando la muerte le traicionó en 2008. El filme no se concluyó. Pero da igual. Hugo y Raúl se han empeñado en vivir cada día el guión que les escribió su padre.