Diario Sur

LÍNEA DE FUGA

FACTORÍA

Algunas canciones guardan en su melodía, en su estribillo o en la evocación de un recuerdo el poder de levantarnos el ánimo por encima del tedio, incluso de la tristeza. Lo resume la primera línea, justo, de una de esas canciones, 'Adelante, Bonaparte', de Standstill, en cuyo repertorio no es que abunde el jolgorio, pero bueno. «Me voy a inventar un plan para escapar hacia adelante...» comienza el tema con la voz de Enric Montefusco y un rasgueo seco de guitarra. Una invitación a la huida hacia adelante, a escapar de la quietud y gritar aquello de 'Adelante'. Avanti, el nombre de la compañía malagueña que el viernes y el sábado representó en el Teatro Cervantes 'El Jurado', que ha estado un mes en la cartelera de las Naves del Español y que luego ha pasado por el Lope de Vega de Sevilla con idéntica buena acogida entre eso que llaman crítica y público.

Avanti Teatro late en el corazón de los actores Eduardo Velasco y Cuca Escribano, que han echado el lazo al director Andrés Lima para presentar una obra de teatro como salida de los informativos de cada día. Porque 'El jurado' trata sobre la corrupción que abre los telediarios, pero también sobre las pequeñas triquiñuelas de cada uno para escurrir el bulto y poner la mano si se tercia, sobre esa doble moral del golpe en el pecho y la vista gorda. En la presentación esta semana de 'El Jurado', el malagueño Eduardo Velasco se felicitó del apoyo prestado por el Teatro Cervantes a un proyecto que han puesto en pie hasta siete productores distintos y que pasea el logotipo del teatro municipal por buena parte de la geografía patria.

Se alegró también Velasco por la conversión del Teatro Echegaray, bautizado como Factoría Echegaray para transformarse en un centro de producción que en su primera convocatoria ayudará en el alumbramiento de cinco propuestas nacidas en la escena local. Aquí Juan Antonio Vigar ha ofrecido una nueva muestra de su manera de gestionar, con poco ruido y muchas nueces, hasta cuajar la idea que Miguel Gallego, jefe de producción del Cervantes, llevaba rumiando desde hacía tiempo.

Factoría Echegaray da pie a cierto optimismo en uno de los flancos más descuidados de la gestión pública local relacionada con la cultura: la producción de contenidos. Es una constante entre los creadores la demanda de iniciativas que acompañen durante la gestación de una propuesta artística. Curioso que en la cacareada 'ciudad de museos' sean el teatro y la música las disciplinas en las que brotan las ayudas locales a la producción, ya sea desde el ámbito público del Cervantes o desde instituciones con capital público y privado, como sucede con la beca de la Fundación Musical Málaga o el mecenazgo de la menguante Fundación Málaga.

A esos dos clavos se puede agarrar el Ayuntamiento con su participación en ambos; pero resulta tan ilustrativo como sintomático que en su frenesí inaugural museístico haya pasado por alto la producción de contenidos que, desde lo local, puedan nutrir esos u otros museos. En Málaga, las residencias artísticas llegan de la mano de la Térmica (Diputación) y de la Escuela de Bellas Artes (Universidad), no desde el Ayuntamiento de la capital ni desde la Junta de Andalucía, esta última con su escueto programa Iniciarte como un Guadiana huidizo.

Estos días se cumple una década. Manuel Chaves anunciaba en su discurso de investidura como presidente de la Junta -«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos...», que diría Dickens con los periódicos de esta semana en la mano- la creación en Málaga de la Residencia de Nuevos Creadores. Se reservaron 6.000 metros cuadrados en el PTA, se convocó y adjudicó un concurso para el diseño del edificio, incluso se consignaron 1,1 millones de euros en los Presupuestos de la región para iniciar las obras... y luego se mareó la perdiz hasta meter todo aquello en un cajón.

Hay quien no tiene imaginación ni para huir hacia adelante.