LA TRIBUNA

Cáncer: lo que nos queda por recorrer

El cáncer es el Everest por conquistar de la ciencia médica. Sus causas se conforman como un grupo de aristas y escalones a las que los médicos e investigadores apenas podemos siquiera asomarnos. Los medios de comunicación se salpican de pequeños y continuos avances que hacen pensar en una cumbre que se vislumbra; sin embargo, la realidad clínica se sigue cubriendo de nubarrones e impotencia ante un número no despreciable de casos en los que no hay solución ni consuelo posible. Médicos y pacientes sentimos que nos caemos al vacío sin red en pleno ascenso a cada poco rato. Así, la sensación de que nos queda mucho camino por andar, mucha escalada, nos sacude como frío cortante en la cara para que no bajemos la guardia y tengamos bien fijos y en alerta nuestros conocimientos y nuestro esfuerzo.

Las líneas de ataque y lucha directa contra el cáncer en la actualidad son de primer nivel. La cirugía oncológica ha aprovechado el refinamiento creciente de la técnica y la táctica quirúrgicas; así, con el apoyo de las nuevas tecnologías y unos cuidados intensivos postoperatorios de mayor calidad, los cirujanos con especial dedicación al cáncer forzamos el límite y hacemos intervenciones de complejidad creciente en las que la edad del paciente cada vez es menos limitante y el beneficio potencial que se ofrece es mayor. Los ensayos clínicos y el apoyo de la industria farmacéutica han permitido a los oncólogos médicos la incorporación progresiva de fármacos 'quimioterápicos' cada vez más efectivos en tanto en cuanto su acción es más selectiva contra las células tumorales (concepto de 'dianas terapéuticas') y causan menos efectos secundarios a los pacientes, permitiendo en ocasiones el diseño de auténticos 'tratamientos a la carta' gracias al mejor conocimiento de la genética molecular del cáncer. Finalmente, la oncología radioterápica también ha desarrollado líneas de trabajo en un gran número de tumores que suponen un apoyo fundamental (y a veces la única y mejor opción de tratamiento) en las estrategias que hoy día definimos como 'multidisciplinares' para el abordaje del cáncer. Utilizando una metáfora futbolística, disponemos hoy día de una delantera de categoría para la lucha contra el cáncer. Ello se ha traducido en los últimos 20 años en dos ideas optimistas que se repiten constantemente en los medios de comunicación: los enfermos con cáncer viven cada vez más y, también, se curan más (hasta un 55-60% según comunicó en una conferencia reciente en Málaga el Dr. Tabernero, una autoridad nacional en investigación del cáncer). Estos datos, impactantes, deben integrarse en el contexto de un volumen diagnóstico creciente de cánceres de baja mortalidad y valorarse poniendo la moneda del otro lado, ya que los tipos de cáncer que se curan son prácticamente los mismos que hace 15-20 años y el 40-45% de los pacientes oncológicos siguen falleciendo del cáncer del que se diagnostican.

Sin embargo, y continuando con la comparación futbolera, igual que hemos dicho que tenemos una delantera de lujo, de auténtica vanguardia, que remata a gol todo lo que llega, debemos reflexionar porque la defensa es un auténtico coladero y el centro del campo no lleva la pelota a la delantera con fluidez. Esto se traduce en un sistema de salud con un enfoque del cáncer como enfermedad global manifiestamente mejorable en tres aspectos: la prevención primaria, la prevención secundaria y la comunicación entre los niveles asistenciales sanitarios. Respecto a la prevención primaria, existen factores de riesgo científicamente relacionados con el cáncer como el tabaco, el alcohol y la obesidad y, sin embargo, vivimos en una sociedad en la que los jóvenes fuman más y más precozmente (especialmente las mujeres), el hábito de ingerir alcohol a edad temprana se ha socializado gracias a la institucionalización del botellón y las tasas de sobrepeso no paran de crecer hasta el punto de que en España el 40% de la población tiene una obesidad establecida. Conseguir una población más formada e informada que minimice la exposición a factores de riesgo debe ser un objetivo prioritario de inversión de los sistemas de salud.

Prevención secundaria quiere decir diagnóstico precoz; es decir, hay que diagnosticar el cáncer lo antes posible como mejor estrategia para ofrecer un tratamiento con más posibilidades de ser curativo y lo menos agresivo posible. Ello implica que l@s pacientes se acojan a programas de 'screening' o detección precoz ya establecidos (cáncer de mama o próstata, por ejemplo) o bien la disponibilidad del acceso de los pacientes a pruebas diagnósticas específicas o las consultas de los especialistas desde la Atención Primaria. Es aquí dónde la sanidad debe invertir la mayor cantidad de recursos hoy día con objeto de reforzar, primero, el tiempo de que disponen nuestros excelentes médicos de familia para historiar adecuadamente a sus pacientes y, después, su capacidad de solicitar endoscopias, ecografías, escáneres..., para llegar, finalmente, a una interconexión fluida con los especialistas y la medicina hospitalaria. Este proceso de horizontalización de la asistencia sanitaria entre Primaria y Especializada es una asignatura pendiente también para el diagnóstico más temprano del cáncer. La dotación de recursos humanos y tecnológicos necesaria pasa por potenciar los centros de salud y los hospitales o centros de alta resolución (HARES o CARES) de modo que los médicos de familia puedan disponer de respuestas inmediatas ante los síntomas de alarma y de una continuidad sin demora de su asistencia inicial. Todavía son demasiados los pacientes que acceden a la fase de tratamiento de su cáncer cuando ya sólo se puede plantear un tratamiento paliativo y en los que la revisión de su historia y su proceso revela una estrategia claramente deficitaria; ellos son, sin duda, la parte más importante del camino que nos queda por recorrer para seguir ganando terreno al cáncer. Potenciemos la investigación, sí y siempre, pero no convirtamos el camino de la Atención Primaria a la Hospitalaria en el 'escalón de Hillary'.