LA TRIBUNA

¿Colegios privados? sí, gracias

Sin pretender dar lecciones, pero sí aumentar el acervo cultural en asuntos fiscales. En ese sentido, apuntar que el IVA es un impuesto de naturaleza indirecta que recae sobre el consumo de bienes y servicios. Que las empresas lo cobran al consumidor, y a renglón seguido, actúan de recaudadora de la Agencia Tributaria. Esto es lo que normalmente pasa en la mayoría de sectores, pero casualmente en el sector de la educación, y más concretamente en colegios privados -empresas al fin y al cabo- únicamente soportan el IVA, con una pequeña diferencia: no se lo pueden deducir. En suma, los padres que consumen servicios educativos en un centro privado no soportan IVA por este servicio, de lo cual debemos alegrarnos.

Sin embargo, cada vez que un colegio privado paga la luz y el agua, aparte de los impuestos que ya explícitamente incluyen la factura de los suministros, además deben afrontar un cargo adicional del 21% de IVA. Aunque esta no es la parte más importante del gasto corriente de los colegios, a lo que tenemos que sumar facturas de reparaciones, compra de ordenadores, uniformes, servicios exteriores como asesores, facturas de voz y datos a las telecos, etc. Todos estos gastos también se gravan con un IVA del 21%, que soporta el colegio estoicamente. Si hay algo de cierto es que el IVA no es nada neutral para un colegio privado, es pura y llanamente un gasto añadido que penaliza, y de qué modo... Lo justo sería que cuando un proveedor vaya a emitir una factura a un colegio ésta esté exenta de IVA, o en su caso se aplique el tipo superreducido del 4%.

Viene bien recordar que existen tres tipos impositivos de IVA: tipo general del 21% aplicable a la mayoría de los bienes y servicios; tipo reducido del 10% aplicable a alimentos, vivienda, restaurantes, etc.; tipo superreducido del 4% aplicable a pan, leche, libros, medicinas, etc. Y, por último, el 0% para la sanidad, la educación y los seguros. Esto corrobora lo que decía al principio: el consumidor de servicios educativos paga 0% de IVA, sin embargo los colegios sí soportan el IVA en las facturas de proveedores como un gasto que no se pueden deducir.

Volviendo a lo del concepto de la neutralidad del IVA para los colegios privados: aquí seré categórico, pues no hay nada de neutralidad en obligar a la empresa que sostiene un colegio privado a soportar IVA del 21% en las facturas de sus proveedores, como un gasto añadido sin posibilidad de recuperarse. Es una sinrazón y un agravio frente a la gran mayoría de empresas de otros sectores de actividad.

A veces pienso que el colegio privado es una especie de némesis del establishment, y por tanto hay que ponérselo todo muy complicado. Pero no pasemos por alto que en sí mismo son empresas que generan puestos de trabajo, cada plaza que ponen a la venta es una plaza libre más para un colegio público de la zona, y lo que es mejor, no supone ni un euro de gasto para las arcas del Estado. Cosa bien distinta ocurre con los colegios concertados, en los que sí se destinan importantes recursos económicos procedente del erario público. Ciertamente un colegio, sea cual sea su naturaleza, es un ente de interés público que hace una labor social encomiable.

Aprovecho la ocasión para hacer una oda, y de paso la ola, a todos los padres y madres que tienen la oportunidad de ofrecer una educación de calidad a sus hijos, más heterogénea, flexible y con una oferta complementaria extracurricular, entre otras ventajas a destacar de la mayoría de colegios privados en España. Esos padres han decidido libremente poner gran parte de sus ahorros en la educación de sus hijos, y no por ello tienen ningún tipo de desgravación fiscal. Sería muy razonable pensar una iniciativa tal que así: deducción fiscal para todos los padres y madres en su declaración anual de IRPF por la totalidad del gasto producido en educación privada. No creo que sea mucho pedir. Seguramente ante mi propuesta se recrudezcan los antagonismos hacia los colegios privados. Quédense tranquilos, los colegios privados sólo tienen como objetivo único la creación de valor mediante programas de formación de alto rendimiento y educación en valores dirigidos a sus alumnos, procedentes en su mayoría de la clase media trabajadora. Y, de paso, he de decir que a esos padres nadie les regala el dinero que invierten en la educación de sus hijos.

Estarán conmigo, lectores, que en el balance final de este artículo de opinión impremeditado, la situación se antoja un tanto extraña e injusta para los colegios privados y, cómo no, para las familias que apuestan por una educación diferente.

Tenía mucha razón Nelson Mandela cuando decía que la Educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo. Puede ser que en el fondo nuestros políticos lo que pretendan es que todo siga igual.