LA ROTONDA

Bendito festival

Domingo, diez de la noche; 22.00 horas, como nos decían los antiguos del gremio que se tenía que escribir, cuando empezábamos a tocar las teclas para aquellos primeros breves y fotonoticias que luego algún veterano reescribía. Queda poco bullicio en la calle Císter, esa nueva, pequeña y encantadora Larios donde se come mejor que en ningún sitio. Es noche de primavera portuaria, aterralada, deliciosa, bajo las sombras chinescas y los aromas de los jardines de la Catedral; cerca pero lejos de los fans jaleosos a la puerta del Málaga Palacio. A la espera de estrellas, soles y lunas.

En cambio, sí hay ambiente en la puerta del Teatro Echegaray, donde está a punto de comenzar la función. La sección documental del festival de cine presenta 'El gran vuelo', la última obra de Carolina Astudillo, realizadora chilena afincada en Barcelona. Un trabajo magnífico de documentación, que hace sentir en la piel el ambiente de terror de los primeros años de la dictadura franquista. Narra la historia de Clara Pueyo Jornet, militante del Partido Comunista, que fue capaz de escaparse de la prisión de Les Corts de Barcelona por la puerta principal. En ese momento, su huella se pierde, en una doble fuga, que se adivina trágica, de la represión del nuevo gobierno y de la de su propia formación. El personaje es también una percha, donde se cuelga la historia de las mujeres de su época y de su lucha por la libertad frente a una sociedad que, todavía hoy, sigue siendo abiertamente machista, retrógrada.

Al margen de recomendar el documental, que merece por sí solo un ensayo, vuelvo a la puerta del teatro, donde había dejado el relato. Porque es Málaga, son las diez de la noche (22.00 horas) de un domingo de abril. Y hay gente, mucha, casi tanta como para que el patio de butacas se vea, si no lleno, sí ambientado; más incluso que en una sala privada con algunas películas comerciales.

Y realmente es Málaga, la siempre denostada, la ciudad bravía de las mil tabernas. Y no sólo es que haya espectadores que asisten a la función, sino que luego se quedan a debatir con la autora, un ratito más. Y son ciudadanos que al día siguiente tendrán que madrugar para ir a trabajar, y que han salido de casa a las diez de la noche que son las 22.00 horas, para ver un documental histórico, que no es ni el fútbol ni el Sálvame. Bendito festival, que devuelve, aunque sea por una semana, la Fe en la Cultura...