LA ROTONDA

El SAS, sin dinero

Lo que va a pasar se intuía que pasaría. Se prescindió de Carmen Cortes como gerente de los hospitales Regional Carlos Haya y Clínico Universitario y se nombró a José Luis Doña. El objetivo era darle un aire distinto ambos centros. Doña, que fue bien recibido, ya empieza a ser objeto de las críticas. Por muy dialogante, tolerante y negociador que sea el gerente, si no se le da un respaldo en forma de dinero, está condenado a estrellarse contra el muro de los tijeretazos. Pretender ofrecer el mismo servicio con menos personal es como creer en la cuadratura del círculo. El SAS está sin blanca y eso pinta un negro horizonte en los hospitales y en los centros de salud para lo que queda de año. Si hasta ahora las contrataciones se miraban con lupa antes de hacerlas, a partir de noviembre habrá otro giro que cerrará todavía más un puño que ya permanece muy apretado. De gestionar la miseria es de lo que se encargan los directivos sanitarios. Así no se puede seguir, pero se sigue un día sí y el otro también. Hoy tengo menos que ayer, pero más que mañana. Este lema deja claro que está oscuro el presente de la sanidad pública malagueña. Los recortes, que no tienen fecha de caducidad, le harán la pascua a la gente antes de que llegue la Navidad.

La consecuencia de que no haya ni para pipas es que en noviembre se cerrarán consultas y quirófanos para llevar a cabo una reubicación de los trabajadores. Esa decisión (desvestir a un santo para vestir a otro) es como querer apagar un incendio echando más leña al fuego. Al final, todos quemados. Tal como está la situación, o la Junta de Andalucía se deja de zarandajas y toma el toro por los cuernos o de la cornada no nos libra nadie. Aquí lo que hace falta es dotar a la sanidad pública de los fondos que necesita. Seguir con los parches no va a solucionar nada. Dar más con menos es imposible. Los enfermos están ya hasta las narices de que se las toquen. Los profesionales se esfuerzan, aunque la guerra la tienen perdida. Al cinturón se le han hecho ya bastantes agujeros. No se pueden permitir más ajustes. El argumento de que todo va bien no se lo cree ni el más crédulo. Los pacientes, mientras tanto, soportan el aumento de las listas de espera y ven cómo la atención se va empobreciendo por la falta de recursos. Cuando se pide una cita médica hay que armarse de paciencia. La Consejería de Salud tiene inexcusablemente que resolver unos problemas que cada vez son mayores. Lo mejor, por si las cosas van todavía a peor, es no ponerse enfermo.