«Mis yemas están volando», presumía ayer una voluntaria mientras se apresuraba a reponer su mostrador. A pocos metros, Juan Antonio Castillo, acompañado de su mujer y su hija de pocos meses, cargaban con paquetes de pestiños, magdalenas y tortas, encargo de toda la familia.
Ayer se inauguró en Torremolinos la III Feria de Dulces de Convento, que estará abierta al público hasta el sábado. La cita es en el Palacio de Congresos y Ferias de la localidad. Roscos de anís, alfajores, yemas, mermeladas, delicias de bombón, huesos, mantecados y polvorones son las delicias celestiales que las monjas han sacado de los monasterios para llevarlos a nuestras mesas. La muestra pone a la venta postres artesanales de 46 monasterios de las distintas provincias andaluzas confeccionados durante todo el año por las monjas de clausura.
Los visitantes podrán elegir entre más de ocho mil kilos de productos clásicos de pastelería y confitería en esta cita que se ha convertido en un referente gastronómico para los malagueños. Según los propios visitantes, «una vez que se prueba, al año siguiente ya no se puede faltar».
Precios terrenales
Desde cinco euros se puede disfrutar de dulces tan curiosos como la gelatina de rosas del Convento de Santa Paula de Sevilla o los besitos negros del Convento de la Encarnación de Osuna. Delicatessens como las frutitas del Convento de Morón de la Frontera pueden ser degustadas por tan solo 12 euros. A pesar de esto, Gloria y su hija Rocío, veteranas ya en esta feria, acusan un ligero incremento en el coste que, sin embargo, no les ha impedido llevarse tres cajas de yemas: para su cuñada, para un sobrino y para ellas mismas. El dinero que se recaude se destinará íntegramente al sostenimiento y mejora de los monasterios.
Las tentaciones de los diabéticos más golosos también se ven cubiertas, ya que las monjas no se han olvidado de elaborar pasteles sin azúcar. Sin embargo, hay unanimidad entre los reyes de las exposición: los roscos de anís y los pestiños. No por ello hay que dejar de lado especialidades como los huesos de las Clarisas Capuchinas o los tarros de miel de Las Teresas.
Tras los 'stand', voluntarios de diversas asociaciones de Torremolinos tratan de acercar estas recetas a los visitantes. Encarna, dispuesta a batir récord de ventas para Las Agustinas, anima a los asistentes gritando con gracia: «venga, que hay que ir llenando las bandejas para navidad».
El secreto de estos productos radica en su elaboración artesanal, con productos naturales, que le otorga un sabor que muchos califican de «divino».