Zoido se hace sin estridencias con el control absoluto de Interior

El ministro del Interior, durante su visita en julio al Centro Tecnológico de Seguridad. :: v. lerena / efe/
El ministro del Interior, durante su visita en julio al Centro Tecnológico de Seguridad. :: v. lerena / efe

En estos nueve meses, el ministro ha completado el desmontaje de las estructuras más polémicas usadas por Fernández Díaz

MELCHOR SÁIZ-PARDO

MADRID. Desde que llegara al Ministerio del Interior el 4 de noviembre del año pasado, Juan Ignacio Zoido no ha hecho un solo comentario crítico a la gestión de su antecesor Jorge Fernández Díaz y a su 'policía política'. El ministro, preguntado una y mil veces, por la camarilla policial, se ha dedicado a decir siempre que a él no «le constaba» la existencia de ese grupo dedicado a la persecución de los rivales políticos.

Pero una cosa es la imagen pública y otra la realidad. Sin estridencias y sin prisas, Zoido y su equipo se han dedicado en los últimos nueve meses a desmontar pieza a pieza las estructuras que sirvieron a Fernández y al ex número dos de la Policía, Eugenio Pino, para conspirar contra los independentistas catalanes o la oposición.

El ministro y a sus colaboradores se han hecho con las riendas. En las últimas semanas -incluso usando la falta de reacción en tiempos prevacacionales- el titular de Interior ha culminado el desmontaje de los reinos de taifas que existían, sobre todo en la Policía. Han sido varias reformas silentes y encadenadas, a las que ha ido sumando nombramientos encaminados, aunque Interior lo niega, a que los responsables políticos de Zoido (y el propio ministro) se hagan con el control absoluto del departamento. El objetivo -tal y como reconocen algunos de los cerebros de esta operación- era acabar con el diseño heredado del denominado mando único aprobado en septiembre de 2006 por el entonces titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y que fue el que dio la carta de naturaleza para el nacimiento de los todopoderosos directores adjuntos operativos (DAO) en la Policía y la Guardia Civil, ocupados por altos mandos de sendos cuerpos. Una figura que estaba llamada a servir de contrapeso policial a las decisiones de los responsables políticos, pero que ha servido, al menos en la época de Fernández, para dar cobertura en el seno del CNP a la conocida como 'policía política'.

Pero las 29 páginas del Real Decreto 770/2017, que Zoido hizo aprobar el pasado 28 de julio en vísperas de las vacaciones (y en las que se desarrolla en teoría «la estructura orgánica básica del Ministerio del Interior») van mucho más allá de la supresión de los DAO. La reforma de finales de julio que promovió Zoido, por sorpresa, todavía está siendo valorada por los juristas de ambos cuerpos por su envergadura y complejidad. Pero es, en esencia, una «recentralización» del ministerio, dando el control absoluto a cuatro responsables políticos en exclusiva: el ministro, el secretario de Estado de Seguridad y los directores generales de la Policía y la Guardia Civil. Todo mandos políticos.

Un segundo con más poder

El número dos de Interior, en este caso José Antonio Nieto, pasa a convertirse en el secretario de Estado con más competencias de la historia de la democracia. No solo dirigirá los dos cuerpos, sino que de él pasa a depender la dirección del Sistema Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas, la gestión de las políticas de ciberseguridad o el control sobre el Sistema de Registro de Pasajeros.

Zoido da mucho más poder a su mano derecha mientras divide en cuatro campos diferentes el poder que hasta ahora tenían los DAO. El nuevo diseño incluye la creación de cuatro jefaturas centrales en la Policía y cuatro mandos en la Guardia Civil, que dependerán directamente del político que ocupe la dirección general. La idea es clara: no habrá ningún funcionario por muy alto rango que tenga, que pueda hacerle sombra a los directores políticos. Y de paso, nadie en la estructura de las fuerzas de seguridad tendrá, como tuvo Pino, la independencia para hacer y deshacer a su gusto o, incluso, de crear estructuras opacas, como la Brigada de Análisis y Revisión de Casos (BARC), que sirvió de tapadera a la 'brigada patriótica'.

A las puertas del parón de agosto, Zoido también ha aprovechado para hacer dos nombramientos claves, que, según todos los analistas, también refuerzan su posición y dividen el poder de las facciones en la Policía. Ha puesto al frente de la Jefatura Superior de Madrid al comisario principal Germán Rodríguez Castiñeira, hasta ahora jefe de la Brigada Provincial de Información de Madrid y uno de los duros del cuerpo, que intentó incluso que imputaran en la Audiencia Nacional en 2012 a los promotores de Rodea el Congreso. Rodríguez Castiñeira pasa así a ocupar un puesto muy relevante para ejercer de contrapeso a uno de los comisarios más poderosos, el jefe de los servicios de Información, Enrique Barón, con el que no guarda precisamente buenas relaciones.

También antes de irse de vacaciones Zoido, tras meses vacante, designó al hasta ahora responsable de la comisaría del aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas, Fernando Moré como jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF). Moré no ha tenido relación con ninguna camarilla policial y su nombramiento -dicen los que conocen esta unidad- podría ayudar a lavar su imagen, después de los escándalos por la introducción de pruebas extrajudiciales en el sumario de los Pujol.

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