Votar el 1-O, una cuestión de fe

Un grupo de personas, junto a una pancarta que reza 'Queremos votar', ayer, en Barcelona. :: Susana Vera / reuters

El independentismo está convencido de que tres millones de personas acudirán a los colegios el próximo domingo, estén o no abiertos

CRISTIAN REINO BARCELONA.

A una semana para la celebración del referéndum, la convocatoria del 1-O se mantiene inalterable, a pesar de que la justicia y el Gobierno central han asestado estos últimos días duros golpes a la logística de la votación. ¿Habrá urnas? El independentismo reconoce que sin sindicatura electoral, sin sistema informático para convocar las mesas o para realizar el recuento, sin papeletas y con todo el proceso suspendido y bloqueado por los tribunales se le ha complicado la situación, pero sostiene que el referéndum aún es «salvable».

El Gobierno catalán afirma que a cada problema y obstáculo, habrá una solución. Así fue con la web oficial de la consulta. Cuando la juez ordenó su cierre de inmediato se abrió otra con otra dirección y alojada en el extranjero. «Tenemos planes A, B, C, D, E y hasta F», dijo gráficamente el consejero de la Presidencia, Jordi Turull. No aclaró en qué letra están ya. Sin embargo, a medida que la organización del referéndum acumula reveses, votar se convierte cada vez más en una cuestión de fe.

A la vista de la protesta permanente que han planteado las entidades de la sociedad civil hasta el día de la votación, el 1-O puede convertirse en una gran movilización, donde los independentistas traten de visualizar de una manera muy potente que la gente quiere votar.

En la cúpula del PDeCAT reconocen, aun así, la capacidad del Estado y admiten algunas dudas

La cuestión es si habrá urnas o no y si los colegios estarán abiertos. «No van a poder requisarnos las urnas», advierten desde la CUP. «Rajoy no lo va a tener fácil para impedir el referéndum», avisa una fuente muy próxima a Carme Forcadell. Carles Puigdemont afirmó hace un mes que la administración catalana tiene las 6.000 urnas necesarias para la convocatoria. Desde entonces, la Guardia Civil las busca sin descanso, pero de momento ha pinchado en hueso.

Una fuente del soberanismo apunta que no están guardadas en una nave, sino que podrían estar diseminadas en multitud de lugares a la vez. Se habla incluso de que podrían estar ya en los colegios electorales. La Generalitat asegura que el 70% de los puntos de votación son los mismos que en las elecciones habituales. En esta ocasión, ha incorporado al listado hasta ambulatorios del servicio catalán de la salud.

«El día 1 votaremos», insisten desde Junts pel Sí. «Iremos a los colegios y si están cerrados, nos concentraremos frente a los locales hasta que los abran». «Y si hay agentes de la Policía (Guardia Civil o Mossos, eso está por ver), les miraremos a la cara y veremos si nos impiden seguir con la votación», añade un diputado de la formación. ¿Y si los colegios están precintados? «Se rompe el precinto y ya está», replican desde la CUP. «No hay Guardia Civil que pueda parar esto. Son 900 municipios y 6.000 mesas», afirman.

Hiperventilados y pesimistas

«La gente está muy caliente tras las operaciones policiales y los tres millones de votos (la suma entre los del sí y los del no), los tenemos seguro», confían los independentistas. Con ese resultado, Turull ya ha advertido esta semana que se mantendría la hoja de ruta inicial y que por tanto a las 48 horas, la Cámara catalana declararía la independencia de manera unilateral.

«Si no falláis, lo tenemos al alcance de la mano», han alentado Jordi Sánchez (ANC) y Jordi Cuixart (Ómnium Cultural) en las innumerables intervenciones que han tenido esta semana en las concentraciones en Barcelona.

Hay un sector del secesionismo que está lanzado, pero también hay un sector que lo ve con más frialdad. Desde la cúpula del PDeCAT reconocen que la votación se está poniendo muy complicada y admiten la pugna que hay en estos momentos entre los llamados «hiperventilados», que lo dan casi por hecho, y los menos optimistas, que son conscientes de la fuerza que tiene el Estado central.

Por ello, han empezado a surgir alternativas al 1-O. Hay quien plantea una declaración de independencia de inmediato, si el Gobierno central impide la consulta. Pero tendría poca eficacia, teniendo en cuenta que a día de hoy, y aunque sectores del independentismo proclamen en las manifestaciones que la «calle es suya», el apoyo a la secesión no supera el 50%, según el resultado de las últimas elecciones catalanas, que son la encuesta más fiable y representativa.

Frente a los que tienen mucha prisa, están los menos impacientes, que proponen la proclamación de la independencia tras unas elecciones catalanas (serían autonómicas para unos y plebiscitarias para otros), en el caso de una victoria amplia de las fuerzas secesionistas. La coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal, se ha visto esta semana obligada a llamar a la calma, viendo que alguno en su partido quiere ir aún más rápido. «No me imagino ningún escenario que no sea el 1-O», dijo. «Cualquier tipo de declaración pasa antes por tener un referéndum o un mandato democrático claro», zanjó. Jordi Turull, del núcleo duro de Puigdemont, no ha descartado en cambio nada.

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