Una votación repleta de irregularidades

Gente votando en la 'Escola del Treball', escuela industrial de Barcelona. :: martin benet
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Gente votando en la 'Escola del Treball', escuela industrial de Barcelona. :: martin benet

El Govern cambió a última hora las normas del proceso electoral, lo que acrecentó las dudas sobre la falta de garantías

LORENA GIL

Cuarenta y cinco minutos antes de que los colegios electorales abrieran sus puertas el Gobierno catalán buscó un golpe de efecto. Puso sobre la mesa el censo universal, concepto que a muchos les sonó a chino -como la urnas-, pero cuyo objetivo era permitir que los 5,3 millones de ciudadanos llamados a votar pudieran hacerlo desde cualquier punto habilitado para ello. Logró un golpe de efecto la Generalitat. Pero quizás no el que quería.

La sombra de la falta de garantías de un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional planeó siempre sobre el 1-O. Y ayer se extendió cuando el propio Govern hizo saltar por los aires varios de los artículos de la ley aprobada por el Parlament el pasado 6 de septiembre. Pasadas las ocho de la mañana, el consejero de Presidencia, Jordi Turull, y el de Exteriores, Raül Romeva, anunciaron por sorpresa en rueda de prensa la puesta en marcha del citado censo universal, al que seguían otras medidas. Sería válido el voto sin sobre, que ya escaseaban tras la incautación del material, pese a que la normativa precisa que las papeletas «se introducirán en un sobre blanco» con unas medidas concretas para darle «carácter oficial». El sobre en los procesos electorales garantiza la confidencialidad y que no haya dos votos por elector. En otra vuelta de tuerca, revelaron que los ciudadanos podrían acudir con la papeleta impresa en casa. En definitiva, que con un DNI o el pasaporte, cada catalán podía ir a votar al colegio que quisiera, donde se le comprobaría vía telemática si figuraba en el censo y si, muy importante, ya había votado. El objetivo era que el previsible cierre de colegios electorales no entorpeciera la jornada.

Interior intervino el censo, lo que dificultó que se evitara que una persona votara varias vecesUna diputada de la CUP montó un 'colegio electoral' en la casa rural de la que es propietaria

El problema surgió cuando, apenas un cuarto de hora después, el Ministerio del Interior comunicó que el censo, que estaba alojado en servidores online, había sido intervenido por las Fuerzas de Seguridad del Estado, lo que obligó a los miembros de la mesa a apuntar a mano los nombres de los votantes. Con esta medida, el Gobierno central daba por «desbaratado» el referéndum. «Desde las 8.30 horas ningún colegio tiene acceso a internet, lo que significa que no hay acceso al censo, a contabilizar votos, a evitar duplicidad en el voto y a un mínimo rigor», proclamaron.

La implantación a última hora del censo universal y la caída del sistema de comprobación telemática del voto dieron lugar a situaciones insólitas en cualquier proceso electoral que presuma de garantías democráticas. Vídeos y fotografías que corrieron como la pólvora por diferentes canales de televisión y, sobre todo, por las redes sociales.

Twitter entró en ebullición desde primera hora de la mañana y se convirtió en la herramienta que independentistas y no independentistas utilizaron para colgar todo tipo de material audiovisual. Famosos votando, cargas policiales... Y también las que algunos tildaban como «las chapuzas» del referéndum.

En la primeras 'imágenes denuncia' de las posibles irregularidades del proceso pudo verse cómo se colocaban urnas con papeletas ya en su interior. Sociedad Civil Catalana distribuyó varias fotografías en las que mostraba a un hombre votando en dos colegios electorales diferentes de Barcelona: Primero en La Pau sobre las 9.45 horas y después en la Escuela Industrial, a las 14.30. Otra persona publicó las imágenes de un joven con sudadera gris que logró votar hasta cuatro veces en diferentes puntos. Se fotografió contando con los dedos de la mano su andadura.

El cierre de colegios electorales dio lugar también a multitud de vídeos. Surrealista fue ver a personas depositando sus votos a trompicones en urnas colocadas en plena calle. La diputada de la CUP Mireia Boya llegó a montar un 'colegio electoral' en una casa rural de la que es propietaria. Ubicado en el municipio de Les (Lleida), del que también es concejala, hasta él acudieron a votar vecinos de otros puntos cercanos.

A falta de una Sindicatura electoral -sus miembros dimitieron para eludir la multa impuesta por el Constitucional- y de una junta electoral que supervisara todo el proceso de votación, la Generalitat anunció que sería un grupo de académicos quienes se encargarían de velar por las garantías del proceso. Este grupo, cuya labor expiró anoche, lo formaron catedráticos en Derecho y Ciencias Políticas como Ferrán Requejo, Joan Vintró, Enoch Albertí o Mercé Barceló, entre otros. Al cierre de los colegios se desconocían el método de recuento -no se pudo hacer de forma telemática- y certificación de los resultados.

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