Vigo se encomienda a las nubes

Vehículo en el que se halló a dos de las víctimas, que se vieron atrapadas por las llamas cuando trataban de huir. :: Salvador Sas / efe/
Vehículo en el que se halló a dos de las víctimas, que se vieron atrapadas por las llamas cuando trataban de huir. :: Salvador Sas / efe

«Somos muy conscientes de que hemos rozado la tragedia», afirman dos vecinos que vigilan la aparición de nuevos focosLa mayor ciudad de Galicia vive cercada por seis incendios y con la vista puesta en el cielo

M. SÁIZ-PARDO

vigo. «Solo la lluvia ha salvado a Vigo. Esperemos que continúe». La frase se ha hecho un mantra en la Avenida de la Florida, la arteria por la que el fuego estuvo a punto de colarse en la ciudad más populosa de Galicia la noche del domingo y la madrugada del lunes. A ambos lados de esta avenida ya no se ven llamas, pero sí se observan en los montes aledaños espesas columnas de humo blanco que salen entre los bosques de eucalipto, prácticamente lamiendo las aceras de la zona más occidental de la capital.

Desde el mismo estadio de Balaídos, ya en el caso urbano de Vigo, todavía a última hora de la tarde se ven los rescoldos del incendio del barrio de Coruxo, el que más cerca estuvo de 'doblegar' a los vecinos que lucharon para cerrarle el paso a la ciudad. Pero basta subir a una loma para ver que no fue ese el único punto en el que rozó la tragedia. Fuegos en Fragoselo, Alcabre, Zamáns, Frerixo, A Modroa.... Focos inconexos, pero simultáneos. «Nos han querido achicharrar vivos», afirma Lola Bascet, una cliente que sale del Mercadona, que no tiene dudas, como nadie en Vigo, de que todos los fuegos «han sido intencionados».

El supermercado donde compra Lola está casi frente a la Zona Franca de la ciudad, que tuvo que ser desalojada por la cercanías de la llamas. El barrio no ha terminado de recuperar la normalidad. Aunque los vecinos ya no están en las calles con cubos, nadie deja de mirar a los cercanos montes. Los rescoldos, en esa salida hacia Baiona, arden a un centenar de metros de los concesionarios de Porsche, Volvo o Ford. La lluvia de la tarde combate con fuerza en esta zona, en la que se encuentran muchas de las 400 viviendas que han tenido que ser desalojadas en las últimas horas. Pero aun así, las brasas todavía lamen las aceras.

Todos en la ciudad dan por hecho que la mano del hombre está tras el origen de los fuegos

En Coruxo todo huele hollín. A madera calcinada. Las nubes este lunes lo cubren todo y se confunden con el humo que brota por doquier. «Pero es humo blanco, es bueno», se felicitan los vecinos del barrio. No han dormido en toda la noche, pero siguen mirando las hogueras humeantes, conteniendo el aliento para que la situación climatológica siga siendo favorable. «Somos muy conscientes de que hemos rozado la tragedia», reconocen Brais y Oscar, dos chavales convertidos en 'voluntarios de WhatsApp'. Vigilantes espontáneos que se han organizado a través de las redes sociales para avisar de nuevos focos o de incendios que se reavivan. «Solo podemos llamar. No tenemos nada para apagarlo», se lamentan.

Abandonados

Llueve y se nota la humedad. La temperatura apenas llega a los 17 grados y sobre todo ha parado el viento del huracán Ophelia. Juan O. toma una cerveza en la terraza del bar Chaparral de Coruxo. «Aquí de bomberos, poco. No sé si no llegaban a todo o qué. Si logramos salvar las casas fue por los vecinos y las mangueras. Jamás en mis 45 años he visto una cosa así. Tantos frentes, tantos fuegos. Son unos criminales que querían quemar Vigo, que querían arrasar con toda Galicia», afirma el operario. Dentro del bar, un nutrido grupo de trabajadores de los polígonos de la zona apura sus 'menús del día' con la vista puesta en la televisión. Rajoy se explica en directo y ellos escuchan con la mirada perdida. «Ahora sí, ahora vienen. Pero nadie se preocupa para prevenir esto», lamenta uno de los comensales, indignado por la «mierda» que dejan que se acumule en los descampados cercanos.

Esa «mierda», una escombrera llena de matojos secos, es la antigua fábrica de Loza Álvarez, hoy abandonada. «Ayer ardieron todos esos matojos. El fuego se quedó a tres metros de mi casa». Carmen, a las puertas de su vivienda del número 2 de la Calle Longrán no exagera. Una capa negra tizna el muro frente a su casa. «Fuimos nosotros lo que los controlamos aquí el fuego con las mangueras y todos los vecinos juntos. Si no lo hubiésemos contenido hubiera entrado en la ciudad».

Carmen, como todos en Coruxo, no tiene la más mínima duda de que 'su' fuego, uno de los cinco o seis que acosaron la periferia de la ciudad fue provocado, aprovechando los fortísimos vientos. A Carmen se le escapan las lágrimas. Dice que no llora, pero sí. Se acuerda de las dos vecinas de Nigrán, «a apenas diez kilómetros de aquí» que no tuvieron tanta «suerte» como ella y su casa.

En el interior de la vieja fábrica de loza 'Álvarez' dos vagabundos rebuscan entre los restos calcinados de un vehículo y una lavadora. «Ayer lo perdimos todo. No es que tuviéramos mucho, pero se nos fue a tomar por culo», resume de forma gráfica Adrián. Su pertenencias más preciadas, un «colchón casi nuevo» y una radio «a pilas» fueron pasto de las llamas.

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