Urkullu da por «roto» el modelo de Estado y defiende una consulta legal

El PNV ofrece «toda la capacidad de influencia» que posee para mediar entre el soberanismo catalán y Rajoy

OLATZ BARRIUSO

BILBAO. Aunque acostumbra a dejar las andanadas más duras para el presidente del partido en un reparto de papeles muy medido, el 'lehendakari', Iñigo Urkullu, hizo ayer uno de los discursos más contundentes que se le recuerdan como máximo representante institucional en un Alderdi Eguna ('Día del partido') marcado irremediablemente por la explosiva situación en Cataluña.

Las esteladas repartidas por las campas alavesas de Foronda y la urna gigante donde alegremente se hacían selfis los presentes hablaban de un ambiente festivo, pero el tono del mandatario vasco fue grave y solemne. Proclamó que el modelo de Estado autonómico forjado durante la Transición «ha fracasado» y está «roto» y defendió que la única solución posible a estas alturas es que las «naciones» catalana y vasca, a las que «el café para todos no les ha rentado», puedan celebrar una consulta «legal y pactada» como las de Quebec o Escocia.

El 'lehendakari' quiso así desquitarse tras ser vapuleado por algunos sectores cuando esta semana constató la evidencia de que el 1-O no cuenta con las mínimas garantías exigibles a un referéndum de autodeterminación. Incluso lamentó, ante los miles de militantes que como cada año abarrotaron la fiesta, que sus palabras se hayan «utilizado de manera interesada», sin atender a su discurso completo, «tomando el rábano por las hojas» y «a beneficio de parte». Sonó a un intento de congraciarse con las bases, que acompañó con duros reproches al Gobierno del PP.

Si Urkullu hizo un diagnóstico, más bien crudo, de la situación, el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, se ofreció en cambio como intermediario entre Mariano Rajoy y los soberanistas catalanes para buscar una solución «justa y democrática» para Cataluña.

El dirigente nacionalista, que tiene hilo directo y una relación fluida con ambos y ya ha hecho algún intento, aunque baldío, asumió como una responsabilidad propia y «prioritaria» la salida al laberinto catalán ante la «barbaridad democrática» y la «torpeza política» que, a su juicio, está cometiendo el Ejecutivo, y puso al servicio de los catalanes toda la capacidad de «influencia» y «acción política» de su partido, clave en la aprobación de los últimos Presupuestos Generales del Estado y fundamental para sacar adelante los próximos, convencido de los «derechos políticos» que asisten a Cataluña y Euskadi.

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