Urkullu y el PNV mediaron junto a PSOE y PSC para forzar las elecciones

Iñigo Urkullu. El lehendakari ha mantenido  contactos con empresarios catalanes, el PDeCAT y los Gobiernos central y catalán para evitar la aplicación del 155. :: B. castillo/
Iñigo Urkullu. El lehendakari ha mantenido contactos con empresarios catalanes, el PDeCAT y los Gobiernos central y catalán para evitar la aplicación del 155. :: B. castillo

El lehendakari y Ortuzar, de acuerdo con Sánchez e Iceta, han mantenido contactos casi diarios con Puigdemont y Rajoy desde el 1-O

OLATZ BARRIUSO

bilbao. El lehendakari Urkullu y el PNV están dispuestos a hacer «todo lo que esté en su mano, hasta el último minuto», para evitar la aplicación del artículo 155 en Cataluña, aunque no ocultan que el paso atrás de Carles Puigdemont, que, según las fuentes consultadas, «tenía decidido» el miércoles por la noche disolver el Parlament y convocar elecciones autonómicas, complica considerablemente encontrar una solución mínimamente satisfactoria a la peor crisis política de la historia democrática de España.

Ése ha sido el empeño, durante el último mes y singularmente desde el sábado pasado, cuando el Gobierno central aprobó en consejo de ministros extraordinario una versión 'dura' de la intervención de la autonomía catalana, del jefe del Ejecutivo de Vitoria y del presidente del EBB, Andoni Ortuzar. Ambos dirigentes nacionalistas han contado en sus esfuerzos mediadores entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont, finalmente baldíos, con la complicidad absoluta del PSOE y el PSC, con quienes coordinaron directamente enfocar su labor a un objetivo claro, forzar al president a convocar elecciones para detener el choque de trenes y arrancar al jefe del Ejecutivo central el compromiso de frenar la activación del 155 a cambio si se daba ese supuesto. Todo ello impulsado y favorecido por influyentes 'lobbies' empresariales, sectores sociales y de la Iglesia y una porción significativa del nacionalismo institucional catalán, convencida de que proclamar unilateralmente la independencia es un suicidio político, estratégico y económico a medio plazo.

Los teléfonos del lehendakari y de Sabin Etxea llevan echando humo desde el referéndum ilegal del 1-O pero la 'línea caliente' con el Palau de la Generalitat y con el Palacio de La Moncloa se ha intensificado a medida que el abismo se acercaba y el vértigo hacía presa en la clase política y, sobre todo, en la empresarial. Importantes buques insignia de la economía española han telefoneado en las últimas horas al Ejecutivo del PP para reclamar una tregua en la aplicación del 155, convencidos de que la inestabilidad y las turbulencias se extenderán desde Cataluña a toda España. En ese contexto de guerra de nervios, Urkullu y Ortuzar se mantuvieron en contacto, por correo electrónico y por teléfono, hasta última hora del miércoles y durante toda la mañana y mediodía de ayer con Puigdemont y con Rajoy para lograr un pacto de no agresión 'in extremis'.

En paralelo, los otros dos personajes clave de esta historia, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y el líder del PSC, Miquel Iceta, intensificaban también sus gestiones, de común acuerdo con Ajuria Enea y Sabin Etxea. El PSE, socio de gobierno de los peneuvistas en todas las instituciones vascas, ha mantenido, según fuentes nacionalistas, una actitud «leal» y colaboradora en todo momento. Medios de la ejecutiva de los socialistas vascos confirman el seguimiento que su líder, Idoia Mendia, ha hecho con el lehendakari de los contactos con La Moncloa y la Generalitat, que han sido intensos y casi diarios. Y corroboran asimismo la fuerte implicación de Iceta para evitar el 155.

Las esperanzas de la 'misión' compartida por jeltzales y socialistas -una conjunción de intereses por salvaguardar las posiciones más centradas, ahora en nítida desventaja- duraron hasta las once de la mañana de ayer. Hasta ese momento, estaban convencidos de que Puigdemont mantendría su compromiso de la noche anterior, llamar a las urnas y disolver la Cámara catalana, evitando así cualquier tentación de proclamar una DUI que daría al traste con las posibilidades de frenar la intervención ministerial de los departamentos del Govern. Creían que había logrado convencer a Oriol Junqueras. El optimismo y el alivio eran palpables y el PNV incluso se planteó comparecer públicamente para pedir la suspensión del pleno del Senado que hoy dará autorización al Ejecutivo central para aplicar el 155. Del mismo modo, siempre acompasados con las gestiones discretas que iban abordando en cada momento y con el ala moderada del PDeCAT, los jeltzales ya reclamaron el martes a Puigdemont que convocara elecciones si eso detenía el 155. «Yo lo haría», llegó a decir Ortuzar, que rompió su silencio mediático para lanzar ese mensaje.

Escrutar con lupa

La única duda, a las once de ayer, radicaba en si la fórmula y las palabras elegidas por Puigdemont para convocar unos comicios que incluso tenían fecha, el 20 de diciembre, serían suficientes para el Gobierno de Rajoy. «Van a escrutar con lupa lo que diga», advertían. Pero las esperanzas empezaron pronto a disiparse. La propia filtración en medios catalanes de los últimos contactos del lehendakari contribuyó a agitar las aguas. La reunión del jefe del Gobierno vasco en Vitoria el miércoles con influyentes empresarios catalanes -el vicepresidente de la Fundación La Caixa, Juan José López Burniol; el consejero delegado de la farmacéutica Isdin Marian Puig; el abogado e inversor Emilio Cuatrecasas y el presidente de la fundación Carulla, Joaquim Coello- confirmaba las expectativas que su labor mediadora ha despertado en los sectores interesados en parar el 155.

La buena relación de Urkullu y Ortuzar tanto con el jefe del Govern y su partido como con Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría -con quienes han negociado su reciente apoyo a los Presupuestos Generales del Estado- ha sido clave para que su papel de puente haya ido cobrando relevancia. Un encargo que, según subrayan fuentes del Gobierno vasco, no han asumido «por su cuenta» sino con la aquiescencia de las propias partes interesadas. No obstante, la radical desconfianza entre los presidentes Rajoy y Puigdemont ha sido clave, según la interpretación de los jeltzales, en el naufragio cuando casi habían logrado reflotar el barco.

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