Turull evita hablar de independencia y de la república en su fallida investidura

El candidato a presidir 
la Generalitat, Jordi Turull, 
se dirige al Parlament durante 
el debate de investidura. 
:: Alberto Estévez / efe/
El candidato a presidir la Generalitat, Jordi Turull, se dirige al Parlament durante el debate de investidura. :: Alberto Estévez / efe

La CUP tumba la elección del candidato de JxCat y frustra la estrategia de Puigdemont

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La jugada era de alto voltaje y de impacto simbólico: un presidente de la Generalitat electo declarando en el Tribunal Supremo y enviado a prisión. Carles Puigdemont había diseñado una estrategia de confrontación con el Estado. Sin embargo le falló la CUP.

Ya hace tiempo que sectores moderados del independentismo han advertido de que los anticapitalistas no son unos socios fiables, pero la aritmética es caprichosa. JxCat y Esquerra necesitan a los antisistema para alcanzar la mayoría absoluta y la izquierda radical provocó ayer la enésima tormenta en el independentismo, que se marcó todo un autogol por la escuadra.

Después de dos intentonas fallidas, la de Carles Puigdemont y la de Jordi Sànchez, que no pudieron presentarse a la investidura por decisión judicial, JxCat y ERC sometieron ayer a votación el plan C con Jordi Turull y también pincharon en hueso. En esta ocasión, quien frustró los planes de Puigdemont fue la CUP, que no solo rechazó a Turull por su condición de convergente, sino que se negó a investirlo por el programa de gobierno que defiende, «autonomista» y «neoliberal», según los anticapitalistas, que ayer celebraron un consejo político de urgencia para decidir su posición.

La CUP, que solemnizó su paso a la oposición, había puesto sus condiciones para que la abstención no sea definitiva: «Unilateralidad, desobediencia, república, independencia, proceso constituyente refrendado y hacer república». Nada de todo eso estuvo presente en el discurso de Turull, muy templado, marcado por la cita con el juez y que agradó más al PP que a la CUP. Hizo alusión a los presos políticos y al 1-O, pero el candidato convergente se alejó de las arengas incendiarias que lanzaba como consejero de la Presidencia y evitó las referencias a la República declarada el pasado 27 de octubre y al proceso constituyente, que los secesionistas incluyen en su programa de gobierno. Turull ofreció diálogo y mano tendida al Rey y al Gobierno central.

Eso sí, matizó que la búsqueda de diálogo no significa caer en «debilidades», ni «renuncias» a los «compromisos del programa», aunque no habló explícitamente de desplegar la república, impulsar un proceso constituyente ni celebrar una multiconsulta, como le reclama la CUP. Criticó las cargas policiales del 1 de octubre, lamentó que se vulneraron los derechos fundamentales con «ataques a las escuelas» y avisó de que «no agachará la cabeza ante la injusticia, el miedo y las amenazas». «Prefiero ser víctima de las injusticias que desentenderme del momento actual», remató.

El tono moderado empleado por el candidato acabó con cualquier esperanza de acuerdo con la CUP. Es más, los anticapitalistas afirmaron que con su discurso Turull había dado el tiro de gracia al entendimiento entre los secesionistas. «Damos por acabado el 'procés' y las alianzas», zanjó el portavoz anticapitalista Carles Riera.

La derrota

Turull perdió ayer el primer 'round' por 64 votos a favor, 65 en contra, cuatro abstenciones y dos no presentados (Puigdemont y Toni Comín). Pero mañana, a las diez de la mañana, podría tener una segunda oportunidad. En esa ocasión, ya no tendrá que ganar por mayoría absoluta y llegar a 68 escaños, como ayer, sino que le bastaría con obtener más votos a favor que en contra. Es decir, solo con dos votos positivos y dos abstenciones de la CUP ya tendría suficiente. Para que eso ocurra, JxCat y ERC tendrían que hacer un movimiento de calado antes de la sesión parlamentaria, una oferta suculenta en lo programático con la que poder convencer a sus socios.

Eso si Esquerra dispone de tiempo para sustituir a Marta Rovira, Carme Forcadell y Dolors Bassa. Las tres dimitieron tras la votación y horas antes de comparecer ante el juez Pablo Llarena, lo que se interpreta como un gesto para desvincularse del 'procés' y evitar ingresar en prisión. En cualquier caso, aún está por ver si mañana habrá una segunda vuelta de la sesión de investidura. Si Turull es enviado a prisión, difícilmente será posible.

En las horas previas al pleno incluso se especuló con la suspensión de la sesión, aunque en esta ocasión se impuso el criterio de Esquerra, que abogaba por poner en marcha el reloj de la legislatura, para desbloquear la situación. JxCat jugó fuerte en la convocatoria sin tener atado el acuerdo con los anticapitalistas y ayer tuvo que asumir las consecuencias. Puigdemont buscaba ahondar en el choque, pero con el reloj de los dos meses en marcha la presión a partir de mañana está en su tejado. «Permitan el voto delegado de Puigdemont y Comín y ganarán en segunda ronda», recordó la CUP a JxCat y ERC.

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