El tirón de Ciudadanos y PSC no basta para derrotar a los independentistas

Inés Arrimadas baja ayer del autobús de campaña, tras un recorrido entre Figueras y Girona. :: enric fontcuberta / efe/
Inés Arrimadas baja ayer del autobús de campaña, tras un recorrido entre Figueras y Girona. :: enric fontcuberta / efe

Además de la imposibilidad matemática, el cisma político en el bloque constitucional frustra el acuerdo postelectoral

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

El espectacular ascenso de Ciudadanos, en menor medida, la mejoría del PSC son insuficientes para que el bloque constitucionalista sea una alternativa de gobierno en Cataluña a los independentistas. El desplome del PP lastra las posibilidades de gobernar de las fuerzas antisoberanistas. Los números no dan, pero la política, tampoco. Las relaciones entre los tres partidos alcanza para que se toleren en campaña, pero en absoluto para que gobiernen. Es un bloque en ascenso con pies de barro, a diferencia del independentista, estancado a pesar de que goza de buenos cimientos.

Las encuestas electorales publicadas ayer, último día hábil para hacerlo, han confirmado que Ciudadanos puede ser la fuerza más votada el próximo jueves, pero será un triunfo moral que no servirá para que Inés Arrimadas suceda a Carles Puigdemont en la Presidencia de la Generalitat con el apoyo de socialistas y populares. Los constitucionalistas obtendrían en el mejor de los escenarios apuntados por los sondeos entre 61 y 63 escaños, lejos de los 68 de la mayoría absoluta. El promedio entre los estudios publicados durante la campaña es que alcanzarían los 59 asientos en el Parlamento de Cataluña. Un ascenso relevante en comparación con los 52 de la pasada legislatura. Una mejoría que se sustenta en la subida de Ciudadanos que, siempre de acuerdo al promedio demoscópico, pasaría de tener 25 escaños a superar la treintena. El arreón socialista es similar pues se iría de los 16 a los 22 o 23. Pero todo se descompensa con la caída de los populares, que de once diputados retrocederían a seis o siete.

Al no haber transferencia significativa de voto entre los bloques, el crecimiento en estos comicios tiene que ser a costa del electorado de otro partido del mismo signo o de las capturas en la abstención y entre los nuevos votantes. El trasvase del PP a Ciudadanos lo recogen todos los estudios, que lo cifran entre el 35 y el 45% del votante popular fugado al partido de Arrimadas. Pero al ser vasos comunicantes, todo lo que engordan los liberales lo adelgazan los populares y deja igual al conjunto.

En el terreno de la abstención, el principal beneficiario es el PSC, que recupera a más de la mitad de los votantes suyos que se quedaron en casa en las autonómicas de 2015. El elector novel, en cambio, reparte sus preferencias entre los candidatos de Ciudadanos y los de las fuerzas independentistas.

El partido naranja recoge ahora los frutos de años de implacable crítica al soberanismo, y también se ve favorecido por la pasividad de Mariano Rajoy, reconocida en su partido, ante el estallido hace cinco años del fervor secesionista y los titubeos de última hora para aplicar el artículo 155. Circunstancias que, como es lógico, han tenido las consecuencias contrarias para el PP. El partido que lidera en España Albert Rivera ha conseguido en once años de vida consolidarse como la primera fuerza constitucionalista en Cataluña en detrimento de los socialistas. Ya fue la más votada en las elecciones de hace dos años, y todo apunta a que aquello no fue flor de un día.

Albiol, vicepresidente

Pero más allá de las cifras y los porcentajes, el bloque antisoberanista es un club de mal avenidos, sobre todo por la parte del PSC, que no quiere saber nada con lo que considera «la derecha y la extrema derecha». Y así como el candidato popular, Xavier García Albiol, ya se ha ofrecido a ser «vicepresidente» de un hipotético gobierno presidido por Arrimadas o el socialista Miquel Iceta, el líder del PSC huye de cualquier operación postelectoral con Ciudadanos y el PP.

«No votaré la investidura de Arrimadas. A lo sumo me abstendré», ha avisado Iceta, quien se considera, al precio de que le tachen de «presuntuoso», el «único» constitucionalista con posibilidades de ser presidente de la Generalitat porque puede obtener apoyos o abstenciones en la orilla secesionista, respaldos que nunca podría recabar la candidata de Ciudadanos. El primer secretario del PSC dice estas palabras con la mente puesta en Catalunya en Comú Podem, por cuyo apoyo también puja en los últimos días con Arrimadas, que se ha desprendido de complejos y pide sin disimulo la colaboración de los comunes y de Podemos. Un discurso impensable en boca de su líder nacional, Albert Rivera, enzarzado desde el comienzo de la legislatura en un combate a cara de perro con Pablo Iglesias.

Ciudadanos, PSC y PP son conscientes de la imposibilidad de maridar sus planes políticos, sería como firmar una alianza de «Junts pel No», comenta un diputado socialista catalán en alusión a la coalición independentista Junts pel Sí de Artur Mas y Oriol Junqueras en las anteriores elecciones. No es posible la confluencia porque sus intereses y objetivos en Cataluña son en muchos aspectos antitéticos, pero también, y quizá sobre todo, porque el partido electoral que se juega el próximo jueves tiene una segunda parte en España después de la cita catalana con las urnas.

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