La tesorera del PP se niega a revelar en el Congreso quién cobra pluses salariales

Carmen Navarro, actual tesorera del PP. :: Kiko Huesca / efe/
Carmen Navarro, actual tesorera del PP. :: Kiko Huesca / efe

Naseiro y Sanchís dicen que la caja B no existe, pero admiten que se «pasaba la gorra» en busca de donaciones

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

Bajo la lupa 35 años de las cuentas del Partido Popular y Alianza Popular, desde 1982 hasta la actualidad. Ocho horas de interrogatorios a tres de los seis tesoreros que durante ese periodo controlaron las finanzas, pero ni un renuncio. Ni Rosendo Naseiro (1987 y 1990) ni Ángel Sanchís (1982-1987) ni Carmen Navarro (2013-actualidad) reconocieron una sola irregularidad contable en la comisión de investigación sobre la supuesta financiación ilegal del PP en el Congreso. Con ocho palabras -«No sé de qué caja B me habla»- Navarro resumió las larguísimas comparecencias.

La actual responsable de las cuentas del PP, que entró como gerente en el partido en 2010, se escudó en que no estaba en la formación cuando Luis Bárcenas escribió su supuesta contabilidad opaca para no responder a nada comprometedor. Pero no pudo hacer lo mismo cuando la diputada de Podemos Carolina Bescansa, en el momento más vibrante de la jornada, le preguntó sobre los sobresueldos en el PP. La tesorera reconoció que en el partido se pagan pluses con sus respectivas retenciones de impuestos (ella los llamó «gastos de representación») pero se negó en redondo a facilitar el nombre y los cargos de los dirigentes de la formación que están recibiendo estos emolumentos. Se escudó en que la ley de protección de datos se lo impide.

La tesorera ni siquiera quiso dar el número de personas que son beneficiadas. Tampoco la cifra que esos desembolsos suponen para las arcas del partido o el porcentaje de los mismos sobre los gastos generales. Solo dijo que es un «porcentaje mínimo». «No considero que formen parte del trabajo de esta comisión», zanjó.

Presente y pasado

Navarro negó con firmeza la existencia de una caja B en la actualidad. Es más, aunque sorteó las preguntas expresas sobre la época de Bárcenas («Estoy para gestionar el presente, no para investigar el pasado», insistió), sí que explicó que cuando en 2013 se hizo con las riendas de la tesorería encabezó una «auditoría interna» en la que no se encontró ninguna irregularidad. Una investigación -solo de las cuentas publicadas- que certificó que todas «las retribuciones se ajustaban a la legalidad», que se había tributado su IRPF y que el «funcionamiento de la caja» era el oportuno.

También Naseiro y Sanchís desmintieron la existencia en el pasado de esa caja de dinero B. Aunque evitaron a atacar a Bárcenas, sí que afirmaron que sus famosos 'papeles' no responden a la verdad. «No sé si esos papeles son fantásticos o fruto del cabreo» por sentirse abandonado por el partido, «pero no son ciertos», apuntó Sanchís, quien negó también los sobres con dinero en B para completar los sueldos de los dirigentes del PP. «No teníamos ni para pipas, ¿cómo íbamos a pagar sobresueldos?», se preguntó el hoy imputado en el 'caso Gürtel' por ayudar a Bárcenas a blanquear su dinero en Suiza. «Dicen que existía la caja B. Yo no la vi nunca», arguyó, por su lado, Naseiro.

Eso sí, Sanchís y Naseiro dibujaron un sistema de financiación en los primeros años de la democracia bastante rudimentario, cuando no chapucero, basado en sablear a posibles donantes, aunque en ningún momento admitieron que esas donaciones fueran finalistas o que se buscara especialmente a empresarios como contribuidores para luego devolverles los favores.

Los dos extesoreros anduvieron muy atentos a no confesar ningún delito. Sanchís fue muy didáctico a la hora de describir el sistema de búsqueda de fondos, entonces legal. Explicó que junto a Manuel Fraga solía organizar cenas en su casa en las que, al final, «se pasaba la gorra» a los participantes en busca de donativos, que en algunos casos alcanzaban el medio millón de pesetas.

Naseiro también habló de ese descontrol de los primeros años. «A veces ibas al mitin y te daban un talón, se lo daban a Fraga», confesó el octogenario, cuyo interrogatorio, por sus problemas de audición y avanzada edad, se convirtió en una tortura para los comisionados.

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