El temor a la 'Rosa de Foc'

O. B. O. BARCELONA.

«La Guardia Civil y la Policía Nacional han conocido ahora el poder manipulador de los antisistema catalanes. Nosotros ya lo hemos sufrido durante años», afirma Miquel con un tono de sorna en su voz. En los Mossos no independentistas, la CUP, los sectores antisistema, son el demonio. «Nosotros hemos visto que en las redes sociales se nos acusaba de apalear a un mendigo al que ni se tocó. Claro que los guardias y los policías se pasaron de la raya el 1-O, pero ya se ha demostrado que una mujer dijo que le habían roto los dedos y luego tenía una capsulitis. A nosotros nos llevan haciendo eso desde hace años», señala.

Tanto Luis como Miquel desconfían del apoyo que la CUP está mostrando ahora a los Mossos. «Es el mismo partido que tras los atentados del 17 de agosto dijo que no nos felicitasen porque habíamos fusilado a uno de los terroristas. Lo que están haciendo ahora es puramente instrumental, porque si tienen que colocarnos en el centro de su diana volverán a hacerlo sin problemas. En el fondo nos odian».

Miquel, en este sentido, recuerda siempre que los antisistema catalanes suelen hablar en sus escritos de la 'Rosa de Foc' (Rosa de Fuego). Este era el término con el que los anarquistas conocían a Barcelona entre finales del siglo XIX y comienzos del XX por los continuos atentados e incendios que llevaban a cabo los radicales en la ciudad. «Entre los más radicales existe una fijación por esa idea de la 'Rosa de Foc', de una ciudad en llamas como símbolo de la lucha por la revolución. Algunas de sus expresiones dan miedo», concluye Miquel.

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