Los supuestos mandos de la policía política se refugian en las evasivas

Pino y su mano derecha niegan la existencia de la «brigada patriótica» y limitan el asunto a una «guerra sin cuartel» entre dos comisarios

MELCHOR SÁIZ-PARDO

Madrid. «No existió la operación Cataluña». «Nunca ha habido una brigada patriótica». No hubo persecución de rivales políticos. Tampoco conspiraciones, en realidad todo se reduce a una «guerra sin cuartel» entre dos comisarios que terminaron empañando el buen nombre de la institución. El que fuera número dos de la Policía, Eugenio Pino, y su mano derecha, el inspector José Ángel Fuentes Gago, lo negaron casi todo ante la comisión del Congreso que investiga el supuesto uso partidista del Ministerio del Interior. Pero Pino, señalado como máximo responsable de la denominada 'policía política', y su hombre de confianza se enredaron en sus confusas explicaciones durante las siete horas de comparecencia.

Ni uno ni otro supieron explicar los numerosos viajes a Cataluña de Gago y de otros de los supuestos miembros de esa camarilla; por qué miembros de Asuntos Internos operaban en aquella comunidad en investigaciones sobre corrupción; por qué el Ministerio del Interior llegó a fletar un avión oficial para comprobar la falsa cuenta de Xavier Trías en Suiza cuando el asunto ya estaba archivado; de dónde surgieron los informes apócrifos sobre la supuesta financiación ilegal de Podemos o las cuentas en el extranjero de Artur Mas; qué hacía en realidad la disuelta Brigada de Revisión de Casos; o por qué se encuadró a Gago en la seguridad de la Casa Real o de la Audiencia Nacional cuando en realidad pasaba los meses en Cataluña.

«Todo por España»

La esperada comparecencia de los dos primeros mandos policiales implicados en las presuntas maniobras para hostigar a otros partidos se sumergió en una nebulosa, que el exdirector adjunto operativo (DAO) de la Policía aderezó con silencios muy medidos cuando se le preguntó por la 'operación Cataluña'. Pino se acogió a su derecho a no declarar sobre este asunto central en la investigación, alegando que está inmerso en dos procesos judiciales como imputado relacionados con este tema (la introducción de pruebas extrajudiciales en el caso Pujol y su supuesta participación en el montaje contra Trías y su cuenta en Ginebra). «La Policía siempre ha actuado bajo la Ley. Nunca he recibido instrucción de la persecución de ningún partido», reiteró Pino, después de esquivar con evasivas las cuestiones más candentes y empezar a lanzar balones fuera, a pesar de dejar claro al principio de su intervención que él era el «mando máximo de la Policía y todo el mundo estaba subordinado a mí». Los principales chivos de su estrategia de autoexculpación fueron el excomisario de Asuntos Internos Marcelino Martín Blas y el controvertido comisario José Villarejo.

Al primero le acusó de celos profesionales por no haber llegado a ser el número dos de la Policía y de haber montado las reuniones en octubre de 2014 entre el exministro Jorge Fernández y el exdirector de la Oficina Antifraude catalana, Daniel de Alfonso, en la que ambos conspiraron contra los nacionalistas. Fuentes Gago fue más lejos y acusó a Martín Blas de haber retorcido informes policiales para atacar a Villarejo. A este último, Pino le calificó como «verso suelto». A ambos y a sus guerras les culpó de la posible mala imagen del cuerpo. Pero ni palabra de 'policía política'.

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