Cinco guardias civiles en busca de la «pista imposible» sobre Diana Quer

Diana Quer./EFE
Diana Quer. / EFE

Un año después de la desaparición la UCO no tira la toalla a pesar de que las últimas líneas de investigación han llegado a vía muerta

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

El pasado abril el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de la localidad coruñesa de Ribeira decretó el sobreseimiento «provisional» del caso sobre la desaparición de Diana Quer. Adujo que la falta de evidencias, el estancamiento de las investigaciones y la ausencia siquiera de un solo sospechoso le obligaban a dar carpetazo, por el momento, al caso.

Aquella decisión judicial al principio fue un verdadero jarro de agua fría para los cinco expertos de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que viven por y para averiguar la suerte que corrió la chica. Luego, sin embargo, aquel sobreseimiento se ha ido convirtiendo en una suerte de acicate para esos agentes que se han conjurado para buscar la «pista imposible» que dé con el paradero de aquella joven que desapareció hace ahora un año (la madrugada del 22 de agosto de 2016) cuando volvía sola a casa desde las fiestas de la localidad de A Pobra do Caramiñal.

«Igual para el juez es caso cerrado pero la Guardia Civil nunca tira la toalla», afirman en la UCO, la unidad de investigación de élite del Instituto Armado que casi desde el principio se hizo cargo de la investigación y que, a pesar de la sobrecarga de trabajo, ha decidido mantener a un puñado de sus mejores expertos dedicados casi al 100% a la investigación sobre Quer. Viven en Madrid pero todas las semanas se desplazan a la Comandancia de la Guardia Civil en La Coruña y varias veces al mes viajan a la comarca de O Barbanza para trabajar sobre el terreno.

Los mandos de la UCO, admiten, que probablemente se enfrentan a uno de los casos de desaparición más difíciles de la historia reciente. Es muy difícil encontrar otra desaparición en la que haya tan pocas pistas. En la que no haya ni sospechosos. En realidad, los cinco expertos solo trabajan con el único hecho confirmado tras un año de investigaciones: el iPhone 6 de Diana, la joya tecnológica de la que nunca se separaba, fue encontrado por un mariscador el 26 de octubre en una orilla de la Ría de Arousa, en una zona cercana al puerto de Taragoña (Rianxo), en La Coruña, en un área que está entre el muelle de esta pequeña población y el puente de la autovía que va hacia Barganza, a solo quince kilómetros de A Pobra do Caramiñal.

En realidad toda la investigación, doce meses después, «sigue pivotando» sobre ese móvil, ante la ausencia de testigos fiables que vieran a Diana pasadas las 2:45 horas de aquel 22 de agosto, cuando la chica se dejó ver volviendo a casa sola, pasando delante de una discoteca de la zona. En A Pobra apenas hay cámaras de seguridad, por lo que esa herramienta no ha podido ser usada.

La principal línea de investigación desde el hallazgo del móvil sigue siendo que Diana Quer pasó, al menos, por Taragoña (en un coche) aunque esta localidad no era su destino o el de la persona que la habría secuestrado o retenido. La carretera que une este pueblo con A Pobra do Caramiñal, la AG-11, desemboca unos kilómetros más allá en la AP-9, que puede conducir en menos de una hora a Santiago de Compostela o en 70 minutos a la frontera portuguesa. Pero las cámaras de tráfico de esa autovía, de noche, no distinguen ni el modelo ni el color de los vehículos. Mucho menos, los rostros de los ocupantes.

     

Aferrados al iPhone

     

Sin otra herramienta, la UCO se aferra al iPhone, aunque, de nuevo, este terminal le ha llevado a vía muerta. A principios del pasado julio, la empresa israelí Cellebrite en Múnich, Alemania, logró recuperar intacta toda la información del maltrecho móvil que el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil (SECRIM) no se había atrevido a intentar extraer para no dañar irremediablemente la memoria al violar los códigos de seguridad. Pero aquella buena noticia, con el paso de los días, se ha tornado en desesperanza. Las geolocalizaciones del teléfono solo confirman los extremos ya conocidos hasta ahora (la ruta hasta Taragoña). No hay llamadas sospechosas la noche de la desaparición. Ningún mensaje del que no se tuviera constancia hasta ahora durante su vuelta a casa.

Unas «no pistas», afirman en la UCO, que en realidad sirven para afianzar la que siempre ha sido la tesis principal de los investigadores: la desaparición de Diana Quer no fue voluntaria ni premeditada. No hay llamadas, ni mensajes, ni emails en los que la joven madrileña se confabulara con terceros para marcharse. No hay una sola comunicación -explican los agentes- que apunte a que la muchacha había quedado con alguien aquella madrugada, tras marcharse de las fiestas de A Pobra.

«Un año después estamos como al principio, pero la Guardia Civil nunca tira la toalla»,insisten, con cierta amargura, en la UCO.

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