Situación límite en los pasos de la frontera sur

Situación límite en los  pasos de la frontera sur

La falta de policías y de infraestructuras en las aduanas de Ceuta y Melilla suman tensión a la ya delicada situación en las vallas

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

Ya no son solo las imágenes de los inmigrantes encaramados a las vallas de Ceuta y Melilla las que están dando la vuelta al mundo. Los pasos fronterizos 'legales' de las dos ciudades están viviendo una «situación límite» en las últimas semanas. Ahora son imágenes de un agente herido al intentar el lunes frenar con zancadillas una avalancha humana en Ceuta; de un policía en julio lanzando una barrera para 'neutralizar' en la frontera de Melilla a un marroquí armado con un cuchillo ante la falta de pistolas eléctricas; de coches kamikazes entrando a todo gas en junio a Melilla cargados de irregulares y embistiendo a los funcionarios; de las muertes en avalanchas en marzo y en abril de porteadoras en Ceuta...

«Es la tormenta perfecta», resume un agente. Los policías de las dos ciudades están dolidos por las críticas al funcionario de Ceuta que se rompió la tibia y el peroné «al intentar hacer su trabajo impidiendo que violentaran por la frontera», denuncia Jesús González Miaja, secretario general del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Ceuta.

Culpas, de nuevo, al CNP cuando -apuntan desde el cuerpo- la «situación está fuera de control» en las dos ciudades por la mezcla de tres factores: falta de agentes, infraestructuras desactualizadas y la presión migratoria con la que «siempre juega Marruecos en busca de dinero», en palabras de Jesús Barranco, secretario general del SUP en Melilla.

En Ceuta 50 agentes atienden a 40.000 personas, en Melilla 130 se ocupan de más de 50.000

Por partes. Ceuta. A priori aquí la situación (siempre al margen del delicado momento en el perímetro vallado) debería ser «más controlable» que en Melilla, pues solo hay un paso «habilitado», El Tarajal, donde se produjo la entrada masiva del lunes. «Las instalaciones están igual que hace 30 años. Todo parches. No hay protección pasiva ni para kamikazes ni para nada», explica Iván Guerrero, secretario de la Unión Federal de Policía (UFP) en Ceuta.

«Incremento brutal»

«Ha habido un incremento brutal de transeúntes. Coches, porteadores... y la frontera no ha cambiado», abunda González Miaja, quien asegura que solo los porteadores (los trabajadores del 'comercio atípico', eufemismo para el contrabando tolerado) han crecido en un 500% en solo tres años hasta alcanzar los 5.000 pasos diarios. Los datos policiales apuntan a que los días de menos afluencia son entre 15.000 y 20.000 personas las que pasan por El Tarajal. Lo de más trajín, entre 35.000 y 40.000.

Para controlar esa ingente marea solo hay en cada turno ocho funcionarios. «A veces diez, si la cosa se pone fea», matiza un mando del CNP desde la misma frontera de El Tarajal. En total, hay menos de medio centenar de agentes dedicados al control de documentos cuando antes de la crisis ese número llegó a 75. Ninguno de estos funcionarios (como el herido el lunes) es experto en contención. De eso se ocupan las Unidades de Intervención Policial (UIP, antidisturbios). Hay menos de 50 agentes destinados en la ciudad de manera simultánea. Y la cosa no va a mejorar. Los dirigentes del SUP y la UFP afirman que en 2016 hubo una sola plaza a concurso para Ceuta y que en 2017 no hay ninguna.

Guerrero está convencido que una avalancha como la del lunes se podría haber evitado con vallas hidráulicas porque -y en estos coinciden también dos de los testigos presenciales del asalto a pie- los inmigrantes no tuvieron problema para desencajar la «vieja puerta de hierro de la valla». También habría ayudado algún sistema de alerta temprana. El lunes, como en anteriores ocasiones, solo los silbatos de las fuerzas de seguridad marroquíes alertaron de que algo se avecinaba. La Delegación del Gobierno asegura que en 2019 emprenderá una «reforma integral» de El Tarajal. Las respuestas parlamentarias revelan que en los últimos meses solo se han invertido 54.135 euros en parches, sobre todo para habilitar el denominado 'Tarajal II', paso para porteadoras, en el que ya han muerto dos mujeres por avalanchas en los últimos meses.

«Lo de Melilla es harina de otro costal», lamenta uno de los agentes del CNP de guardia ayer en Beni-Enzar, la única frontera internacional de la ciudad. Melilla, además, cuenta con otros dos pasos (sin aduana comercial y con horarios limitados) para porteadores: Farhana, que admite vehículos; y Barrio Chino, donde las 'mulas' aguardan horas a pie.

Según las estimaciones policiales, entre 30.000 y 50.000 personas atraviesan cada día los tres pasos. «Y para gestionar todo este intenso tráfico tenemos una Policía que trabaja en condiciones tercermundistas, a 40 grados y bajo planchas de metal, en número insuficiente, sin infraestructuras, sin medios y muchas veces sin la preparación necesaria», lamenta el líder del SUP en Melilla.

La dotación del CNP para los tres puestos fronterizos terrestres, más el puerto y el aeropuerto la compone entre 125 y 130 personas, lo que hace que sea casi imposible que haya más de diez funcionarios simultáneamente por turno en cada punto. Solo un retén de 50 UIP completa el despliegue en caso de urgencia.

No hay ni estimaciones de cuánto ha crecido el 'comercio atípico' en Melilla, pero Barranco sostiene que los porteadores ya no vienen solo de la vecina Nador, ni mucho menos.

No hay grandes planes para reformar los pasos melillenses, según la documentación entregada al Congreso. En 2014 se invirtieron 1,1 millones en Beni Enzar; en 2016 de 49.854 euros en ese mismo punto; y 560.278 euros en Farhana. Y basta.

«Con austeridad no hay seguridad», resume el portavoz nacional del SUP, Ramón Cossío.

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